Polígrafo Político

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¡Otros Estragos!
Darinel Zacarías

“Virus de la madrugada, cuento de hadas, grupie de MTV. Este virus que no muere ni nos mata, esta amnesia en el cielo del paladar, la limusina del polvo por Manhattan, el invierno en Mar del Plata, los versos del Capitán”

Joaquín Sabina

La pandemia que se desató y que obligó a México a someterse a una fase de prevención y aislamiento, traerá consigo efectos colaterales.
El COVID-19 en primera instancia, obligó a Guatemala a tomar medidas de prevención, cerró sus fronteras y aquí en México Talismán y Suchiate ya se implementó el cerco sanitario.
México parece seguir con su vida normal, aeropuertos sin medidas ni controles sanitarios y de prevención, mercados operando en completa naturalidad, ciudades en las que parece que la emergencia del virus no se toma con ninguna seriedad.
Por su parte, Alejandro Giammattei, anunció el cierre de las fronteras y la suspensión de vuelos internacionales para enfrentar el nuevo Coronavirus, tras la muerte de un contagiado y el aumento de casos.
Por lo menos 15 días, estarán cerradas las fronteras de Guatemala: México, Honduras, El Salvador y Belice.
No se trata de crear pánico. Tampoco de ser escépticos y de ignorar la emergencia de salud que se avecina.
Todo es relativo y cada uno deberá asumir las responsabilidades de sus actos. Es sumarse a las recomendaciones o seguir con el diario vivir para subsistir.
El humor es para los mexicanos una forma de esconder la realidad en la que está inmerso. Una forma de expresión para poner cara a los problemas que tiene que enfrentar y aislarse, para permanecer en una fantasía de tiempo completo.
Así, el mexicano se burla permanentemente de todo, aunque sean las peores tragedias y fracasos.
Por eso la guerra de memes y demás ante la contingencia del COVID-19 es clara muestra del juego estólido que nos caracteriza.
El Coronavirus que fue diagnosticado por muchos expertos de la política como una cortina de humo o un distractor, parece que comienza a cobrar facturas y amostrar el lado afable y violento que puede ser.
Ya debe el mexicano acabar con su desopilante y sardónico actuar. Es tiempo de hacer conciencia y tomar con seriedad el caso.
La agresividad del virus hará morder polvo a las autoridades de salud mexicanas. Se va colapsar el sector, no hay condiciones ni medidas necesarias para hacer frente.
Esta pandemia va más allá de colores, ideologías, gobiernos y críticas. Basta de simulaciones y de minimizar los estragos. Delicado e intensos son los tiempos que nos deparan.
No hay una política en la materia unilateral. Un Gobierno central receloso e incrédulo.
Un gobernante de los mexicanos cáustico que cree que con mostrar estampitas de mártires religiosos va acaparar adeptos, nos deja desnudos, desprotegidos e indefensos.
No se trata de tiempos festivos ni de ver la vida color rosa. Se trata de crear uniformidad y atender la emergencia. Guatemala siendo un país vecino ya tomó la seriedad de las cosas. Cerró fronteras e incluso aplicó toque de queda.
¿Y México? bien gracias. Una emergencia que exige estrategias, inteligencia, soluciones, alternativas. Es correcto, quien no trabaja no come. Se paraliza el país, se cae en el caos.
Pero, repito urge redimensionar las estrategias. Redoblar esfuerzos, buscar alternativas. Organizarnos, unirnos trabajar en un solo frente. Hemos podido en otras aristas, es tiempo de tomar conciencia y seriedad.
Muchos, la clase trabajadora principalmente, difícil se someterá a la cuarentena y al aislamiento. Deben salir por el dinero a las calles. Trabajar hoy. Mañana, también.
Y de la catástrofe a la economía no se diga. Ahí la marrana va torcer el rabo. Restaurantes, la tienda de la esquina, el transporte, las cocinas económicas, la venta de frutas, elotes, el bolero, el cortador de café y demás sectores que viven al día, les aproxima una pandemia doble. El virus y el desempleo.
Pero efectivamente, en estos tiempos. Ese malévolo virus nos exige linderos. Pero los agnósticos parecen ser más y eso suma terquedad, apatía y cerrazón.
No puede más una sorna con escudos protectores, que la amenaza latente y brutal de un virus que amenaza con exterminio.
¿Quién dijo que tengo sed?