Las Últimas 48 Horas de Santiago Nieto

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Mario Maldonado

Las últimas 48 horas de Santiago Nieto dentro del gobierno federal fueron un cóctel de sentimientos encontrados, sorpresas y traiciones. Lo que consideraba un grupo compacto de aliados –integrantes del primer círculo presidencial–, se convirtió en una turba que pedía a gritos su cabeza y, de paso, la de su ahora esposa Carla Humphrey en el INE.
Similar al suceso que experimentó en 2017, con Enrique Peña Nieto, cuando lo hicieron renunciar a la Fepade con la presión de todo el aparato del Estado (la UIF, el Cisen y la PGR), el linchamiento ahora vino de un gobierno que defiende otra ideología y forma de hacer política, pero que no perdonó lo que ellos consideran un exceso: una boda en el extranjero; pero sí consienten el enriquecimiento ilícito y la corrupción en su gabinete.
Además de las filtraciones de información que se hicieron desde Guatemala, los invitados de Nieto y Humphrey, entre los que se encontraban morenistas, priístas, panistas y empresarios, fueron los ‘ultras’ de Morena los que lanzaron sobre la pareja todo el aparato de comunicación.
El banderazo lo dio el director del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, Jenaro Villamil, quien en las primeras horas del sábado 6 de noviembre alertó del festejo en Guatemala. «Feliz enlace matrimonial del doctor Santiago Nieto (@SNietoCastillo) y de la consejera Carla Humphrey (@C_Humphrey_J )», escribió con sarcasmo en Twitter.
El extitular de la UIF retuiteó en su cuenta personal el mensaje, sin saber en ese momento que se trataba del beso de Judas; el que haría la conexión entre el evento que buscaba discreción y el escándalo que estallaría horas después con la titular de Turismo de la CDMX, Paola Félix.
A Villamil se sumaron otros ultras de la 4T, como Jesús Ramírez y John Ackerman, lo que explica las hordas de bots que inundaron las redes sociales para cuestionar una «fastuosa» boda de Santiago Nieto en Guatemala, y vincular el evento con los 35 mil dólares en efectivo que incautaron momentáneamente en el aeropuerto de Aurora.
Por los personajes involucrados, se auguraba que la primera pregunta de la mañanera del lunes 8 de noviembre versaría sobre la boda y los vuelos privados de Paola Félix, y así fue como sucedió. Se cuestionó al presidente López Obrador sobre el tema, quien cerró el diálogo visiblemente molesto.
Nieto seguía desde Guatemala las incidencias de la mañanera y entendió la molestia del Presidente; la boda, el lugar y los invitados de otras corrientes políticas habían lastimado la ideología de los puros. Peor aún, en el camino se había cortado la cabeza de una funcionaria del gobierno de la CDMX, con los costos políticos que eso representaba para Claudia Sheinbaum.
Al aterrizar en el aeropuerto de la Ciudad de México, Santiago Nieto se dirigió al Palacio de Cobián para entrevistarse con el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, y ahí se enteró de la molestia del Presidente. También se hizo consciente de que en el entorno abundaban voces con influencia que clamaban por su destitución. Entendió que su evento había cobrado una víctima del gobierno capitalino, por lo que se reclamaba un castigo similar para un funcionario del gobierno federal, quien si bien es cercano al Presidente, no es considerado parte de los ultras ni de quienes son discípulos-fanáticos de López Obrador.
Nieto se adelantó a lo inevitable y puso su renuncia sobre la mesa. Escuchó la propuesta de quedarse en el gobierno en otra posición y se enteró al mismo tiempo de que un economista formado en los 60 con una muy larga vida parlamentaria llegaría a tomar su posición: Pablo Gómez.
Los grandes ganadores de esta coyuntura son el fiscal Alejandro Gertz Manero; el gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, y el exsenador Roberto Gil, además de la delincuencia organizada y de las bandas del narcotráfico que, operando a sus anchas en un país donde se privilegian los «abrazos, no balazos», ahora también tendrán menos presiones financieras. Sun