Internet: el Espejo de Cómo Somos

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Manuel Michelone

Computación…

Hoy tenemos una serie de avances tecnológicos que son asombrosos. Es probable que Internet sea, por ejemplo, uno de los inventos más importantes de todos los tiempos. Es evidente que gracias a la red de redes podemos estar comunicados e informados como nunca antes y eso ha cambiado la manera de ver e interactuar en el mundo.
Pero con la llegada de Internet y además, con la notable capacidad de expansión que este sistema ha tenido en los últimos años, cada vez son más millones los que están conectados. Pero esto conlleva una serie de problemáticas, por ejemplo, el hecho de que en la red podemos ser personajes anónimos. En la inmensa mayoría de los casos no tenemos que identificarnos e incluso podemos usar un nombre falso. Y el anonimato puede ser importante en algunos casos. Por ejemplo, hay sitios donde se discuten temas como el aborto, que hacen que los usuarios puedan interactuar anónimamente, cuestión que permite una amplia discusión incluso cuando se trata de personas que han abortado, por mencionar un tema nada más.
Pero en otras ocasiones -también muchas- el anonimato es una herramienta que se usa para descalificar las opiniones de otros interlocutores en los foros de discusión. Y no solamente entran las descalificaciones sino además, muchas veces, los insultos y las amenazas. Y hay que decirlo: muchas veces se busca intimidar así cuando la opinión de algún internauta es incómoda a otros.
Y esto me lleva a pensar en que Internet es un espejo no de la sociedad, sino de la naturaleza humana, que en muchos casos es terrible. Las amenazas, los improperios, los agravios por pensar diferente se multiplican muchas veces en la red de redes porque los que actúan así saben que les protege el anonimato y por ende, se sienten invulnerables e intocables. Vamos, si eventualmente la cosa se pone fea, simplemente pueden desconectarse y punto. Quedan sus insultos aunque ellos desaparezcan electrónicamente.
Y el asunto es que me da la impresión de que la naturaleza del ser humano dista en la mayoría de los casos de la empatía con otros congéneres. Déjenme platicarles un caso que viví hace 30 años: estaba en la Universidad de Essex haciendo un posgrado y cabe decir que dicha institución es pequeña. La universidad se puede recorrer caminando en unos 40 minutos. Pues bien, está llena de muchos jardines, con pasillos que tienen barandales de madera. Todo se ve siempre limpio y es muy agradable vivir así. Pero resulta que un grupo de estudiantes, protegidos en el anonimato de la noche, se van al bar de la universidad (viernes y sábado), toman un par de cervezas y se ponen violentos.
Pero el control de estos jóvenes borrachines se termina cuando salen del bar. Y ya alcoholizados son capaces de un sinfín de tropelías. Era común ver el sábado por la mañana vasos rotos, cajeros automáticos a los que se les echó fuego o barandales rotos en los caminos boscosos de la universidad. Lo curioso es que el lunes estaba todo arreglado y quien llegase no podía notar el desastre que ocurre los fines de semana.
¿Por qué esta actitud de algunos estudiantes? Fácil, porque en el anonimato no tienen porqué respetar nada. Si uno sabe que al hacer una maldad no va a ser sorprendido en la misma, quizás sea suficiente aliciente para actuar mal.
Internet tiene, desde luego, muchos lugares donde la gente actúa educadamente, donde se pueden discutir las ideas y compartir lo que otros piensan sin tener que pasar por los insultos de nadie. Pero no es el lugar común. El que frecuentemente aparece es de la intolerancia, que se basa en la idea de que lo que yo pienso es lo correcto y el que se oponga a ello o es un imbécil o es un ignorante. Y es por eso que las redes sociales, por ejemplo, son lugares hostiles en muchas ocasiones.
La conclusión es que la educación es la que nos puede salvar de los peores males. En el caso de Internet habrá que sopesar las virtudes de la red de redes a los contras de la misma. Yo pienso que las virtudes de Internet sobrepasa todos sus males, pero me queda claro que refleja como espejo cómo somos los seres humanos y si soy sincero, no me gusta lo que observo. Apro