viernes, enero 16, 2026
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EL QUINTO PODER DE MEXICO

¿Seguridad o Geopolítica? ¿O quieren Atrapar a Alguien?
Cuestionando la Presencia Militar de EU en la Frontera Sur de México
Ernesto L. Quinteros

La presencia de fuerzas militares de Estados Unidos en la región fronteriza de Centroamérica -con Guatemala como principal punto de despliegue cercano a México- ha desatado múltiples interpretaciones: desde una lógica de “refuerzo de seguridad”, hasta preocupaciones legítimas sobre intereses geopolíticos más amplios y consecuencias inesperadas para la soberanía regional. Incluso, está la sospecha de que quieren atrapar a alguien en territorio nacional.
Oficialmente, el apoyo estadounidense se enmarca en la lucha contra el crimen transnacional y la migración irregular. Guatemala ha recibido aviones, equipo táctico y vigilancia reforzada para fortalecer las operaciones en la frontera con México, bajo acuerdos con Washington que incluyen capacitación y cooperación operacional.
Sin embargo, más allá del discurso oficial, cabe preguntar: ¿Cuál es la verdadera intención detrás de este despliegue militar cada vez más visible? ¿Es realmente el combate al narcotráfico y la migración irregular, o hay intereses más amplios en juego?
Desde hace años, Estados Unidos ha impulsado políticas de militarización en la región con el pretexto del narcotráfico y la migración. En la frontera norte, la presencia de la Guardia Costera y otras fuerzas ha permitido un aumento de las interdicciones y aprehensiones, con cifras de cruce irregular notablemente reducidas tras medidas estrictas.
Esto ha generado un contexto donde se percibe que la seguridad se mide en reducción de cifras, sin atender las causas profundas de la migración o los efectos socioeconómicos en las comunidades fronterizas.
Por si fuera poco, en otros escenarios regionales, Washington ha adoptado posturas abiertamente intervencionistas. Recientes informaciones sobre operaciones militares y la captura de líderes de gobiernos extranjeros como Nicolás Maduro -actos que trascienden el combate al narcotráfico y entran en el terreno de la acción bélica internacional- han generado tensiones diplomáticas y cuestionamientos sobre la actitud estadounidense en el continente.
La militarización de fronteras y zonas estratégicas se vende como medida de protección. No obstante, en la frontera sur de México y Guatemala ha traído efectos colaterales notables: la drástica caída en el flujo migratorio ha afectado la economía informal y el comercio local, generando incertidumbre económica en zonas históricamente ligadas a la movilidad humana.
También ha aumentado la percepción de inseguridad entre pobladores, quienes ven más soldados que soluciones a problemas estructurales.
Además, la cooperación militar puede poner en riesgo principios de soberanía nacional si no se clarifican las reglas de operación, jurisdicción y límites de las fuerzas extranjeras. La idea de un despliegue militar en suelo centroamericano, aunque no necesariamente en territorio mexicano, plantea preguntas sobre hasta qué punto países soberanos ceden autoridad a un aliado poderoso bajo la presión de acuerdos o incentivos económicos.
La narrativa de “blindar la frontera” sur de México tiene consecuencias humanas. La militarización no elimina las causas que empujan a millones a migrar: violencia, pobreza, falta de oportunidades. Estas raíces profundas rara vez se abordan con el envío de tropas o patrullajes reforzados. Más bien, parecen parches que atajan síntomas sin sanar el origen.
La presencia militar estadounidense en la frontera sur, bajo la bandera de cooperación, debe evaluarse con más cuidado, tomando en cuenta los riesgos de una estrategia que puede confundir seguridad con control, que puede ver economía local y movilidad humana como amenazas más que como realidades sociales.
Si el principal objetivo es el bienestar regional, entonces la discusión debe centrarse no solo en quién vigila la frontera, sino en cómo construir paz, oportunidades económicas y desarrollo real para las comunidades en ambos lados del río Suchiate.
Porque más allá de discursos y despliegues, lo que las familias, migrantes y comerciantes necesitan no es un cerco militar, sino condiciones que les permitan vivir dignamente donde eligen o transitan.
Y eso no se logra únicamente con soldados, sino con políticas sociales que atiendan las causas profundas que generan inseguridad y migración.
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana.
¡Ánimo!
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