Por Ernesto L. Quinteros
Puerto Madero: Cuando el Mar Avisa y se Sigue Improvisando
Cada año ocurre lo mismo. El fenómeno de mar de fondo golpea las playas de Puerto Madero, destruye palapas, arrastra mobiliario, provoca pérdidas económicas y deja en incertidumbre a decenas de familias que viven del turismo. Cada año se contabilizan daños, se levantan censos de damnificados, pero el problema de fondo permanece intacto.
Lo ocurrido recientemente en Playa San Benito y Plaza Madero no debería verse como una tragedia inesperada. Tampoco como un simple capricho de la naturaleza. El mar de fondo es un fenómeno recurrente en la costa chiapaneca y su presencia forma parte de la realidad geográfica de Puerto Madero. Precisamente por eso resulta preocupante se continúe con la misma problemática.
Hay que decirlo, los palaperos ya necesitan ser reubicados, y aunque cueste tiempo, esfuerzo y dinero, se tiene que realizar, antes de que se suscite una tragedia.
Los prestadores de servicios turísticos tienen razón cuando exigen ser escuchados. Son ellos quienes enfrentan diariamente el avance del mar, quienes observan cómo la línea costera cambia año tras año y quienes ven desaparecer, poco a poco, el patrimonio construido con décadas de esfuerzo familiar.
No se trata de buscar culpables ni de responsabilizar exclusivamente a un fenómeno natural. La verdadera discusión debe centrarse en comprender qué está ocurriendo en la dinámica costera de Puerto Madero y cuáles son los factores que podrían estar agravando sus efectos.
En este sentido, diversos pobladores han manifestado una preocupación que merece ser atendida con seriedad técnica. Según señalan, desde que continúan los trabajos de enrrocamiento y las modificaciones en la zona de las escolleras, el oleaje parece impactar con mayor fuerza en la parte poniente del litoral, particularmente en Playa San Benito.
¿Es una percepción ciudadana o existe una alteración real en las corrientes marinas y en la distribución de la energía del oleaje? La respuesta no puede surgir de especulaciones políticas ni de opiniones improvisadas. Debe provenir de estudios científicos realizados por especialistas en oceanografía, ingeniería costera, dinámica de corrientes marinas e infraestructura portuaria.
Y aquí es donde la Federación tiene una responsabilidad ineludible. No hay que olvidar que hablamos de una zona federal marítimo-terrestre. Por lo tanto, la atención de esta problemática no puede recaer únicamente en el Ayuntamiento de Tapachula ni en el Gobierno de Chiapas. La Secretaría de Marina, la Secretaría de Medio Ambiente, la Comisión Nacional del Agua y las instancias especializadas en infraestructura costera deben participar activamente en la búsqueda de soluciones. No hay de otra.
La reubicación de algunos prestadores de servicios, particularmente en Playa San Benito, parece ser una medida cada vez más necesaria. Sin embargo, cualquier decisión debe estar respaldada por estudios técnicos que garanticen que las nuevas áreas sean seguras y sostenibles a largo plazo.
Lo peor que podría hacerse sería seguir reconstruyendo año tras año en zonas donde el mar ya está reclamando espacio de manera permanente.
Puerto Madero necesita una estrategia integral de protección costera. Necesita diagnósticos serios, monitoreo constante y planeación basada en evidencia científica. Necesita saber si las obras existentes están modificando las corrientes, si la erosión está acelerándose y cuáles serán los escenarios para los próximos diez o veinte años.
Porque la realidad es contundente: el mar de fondo ya no puede considerarse un evento extraordinario. Su intensidad parece aumentar con cada temporada y las pérdidas económicas son cada vez mayores.
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana. ¡Animooo!
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