* Albergues Están a su Máxima Capacidad.
Tapachula, Chiapas; 18 de Enero del 2026.- Aunque el discurso oficial y la percepción pública apuntan a una disminución del flujo migratorio, la realidad en territorio cuenta otra historia.
Así lo advierte el padre César Augusto Cañaveral Pérez, responsable del Albergue Diocesano Belén y del área de movilidad humana de la Diócesis de Tapachula, quien señala que la migración no se ha detenido, sólo ha cambiado de ritmo.
El albergue, originalmente diseñado para atender familias, hoy recibe hombres y mujeres solos, así como núcleos familiares completos. Actualmente, alrededor de 40 hombres, 25 mujeres y cerca de 30 niñas y niños conviven en el espacio, muchos de ellos en espera de una respuesta institucional que no llega.
Uno de los principales retos es la prolongada estancia de las personas migrantes. De acuerdo con el sacerdote, cerca del 80% permanece más de lo previsto, incluso por más de un año, debido a la falta de resolución de trámites ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR). Mientras tanto, el albergue continúa brindando techo, acompañamiento y orientación, hasta donde sus posibilidades lo permiten.
La situación más crítica, advierte, es la alimentación. La ayuda de organizaciones civiles y organismos internacionales se ha reducido prácticamente al 100%, dejando a la Iglesia como el último sostén. “Hoy sólo contamos con el apoyo de parroquias, comunidades y fieles católicos, pero no es suficiente; también ellos se cansan”, lamenta.
Ante este panorama, el padre César Augusto hace un llamado urgente a la sociedad civil y a las autoridades para no dar la espalda a una realidad que sigue vigente. La migración no es sólo una cifra: son personas, familias y niños que esperan solidaridad, empatía y respuestas humanas. EL ORBE/ JC





