Enrique Olivares
En un lugar del Imperio -el pasado 7 de marzo-, una docena de presidentes de América emitieron una sentencia en ausencia. Es inapelable. Innegociable. Inexorable. Inminente. Alea iacta est. La suerte está echada.
El sentenciado es nuestro país. Por una sola razón. De peso máximo. Mortal: «México es el epicentro de la violencia de los cárteles», dijo Donald Trump tras su aplaudido fallo.
Con el control total. Con arrogancia patológica, Donald Trump se autoerigió en acusador, juez, jurado y verdugo y anunció la coalición militar en Latinoamérica contra ese fenómeno.
Apoyado por la mayoría de los países del área, irá-vendrá con todo para contenerlo. En esa perspectiva, los tiburones de la narcopolítica mexicana están avisados. Han quedado totalmente desprotegidos. A merced del poder absoluto.
La cabeza fría de Claudia Sheinbaum, con la que ha sobrellevado las relaciones con Estados Unidos como jefa del Estado mexicano, ha sido puesta en la guillotina por Donald Trump. La cuchilla pende sobre ella. Puede caer en cualquier momento.
Para asumir esa decisión, el presidente no consultó a quienes la respaldaron. Simplemente hizo correr la invitación a los convocados –la derecha gobernante– y, prestos. Solícitos. Miedosos, se apersonaron en Miami para recibir la información.
La nutrida asistencia evidencia la descomunal fuerza. El poder incuestionable que en todo sentido tiene Donald Trump. Y el desmesurado temor que cada cual fingió con formas protocolarias. De la diplomacia.
Que los presidentes de Brasil, Colombia, Nicaragua, México y otros países no hayan sido invitados, fue voluntad única y exclusiva del jefe de la Casa Blanca. El mensaje que les envió es muy claro. Con ese gesto, los quiere a todos de rodillas. Hará cualquier cosa para verlos reptar a sus pies.
Del veredicto de Trump se desprende. Se refleja la realidad de la relación entre nuestro país y el suyo. Cuando ponga en marcha la coalición militar «Escudo de las Américas», que anunció en la Cumbre que encabezó, dará un vuelco insospechado.
El origen. Motivación de los planes de Trump para actuar como lo ha adelantado, se remonta a cuando asumió la presidencia por segunda ocasión. Ahí habrían comenzado sus reiterados. Abiertos o secretos, pero ignorados ofrecimientos a Sheinbaum de que acepte su ayuda para encarar a los cárteles.
En el ínterin, con el chantaje y las presiones de que podía actuar solo, consiguió beneficios extraordinarios, como el muro militar fronterizo que están pagando los mexicanos. El aplazamiento de la imposición de aranceles y un largo etcétera de concesiones. Muchas sobre las cuales nada se ha informado.
Para dar la impresión de que su gobierno actúa contra la política de abrazos no balazos, que recibió como herencia, Sheinbaum dispuso la entrega de casi un centenar de peligrosos criminales y, ciertamente, ha dado golpes espectaculares contra ese cáncer, diseminado. Establecido en todo el territorio.
Mas para el presidente norteamericano ni eso. Ni nada es suficiente. Él quiere a los grandes capos. Ante la negativa de su homóloga de iniciar acciones en esa dirección, cansado de rogarle, ha decidido actuar motu proprio.
Para eso, le basta haber declarado como terroristas a los grupos criminales. Sostener que el fentanilo que producen y exportan a la Unión Americana es un arma de destrucción masiva. Y que México es gobernado por narcopolíticos. Ahora tiene el apoyo político-económico-militar continental.
No hay duda de que se agotó su paciencia. El tiempo. Él romperá todos los límites que ella, con un discursillo lastimoso. Pobre. Desacreditado. Barato. Basado en la defensa de la soberanía. En la colaboración, no subordinación, ha intentado frenarlo.
Como si se tratara de colaboradores. Subordinados suyos, cada uno de los presidentes latinoamericanos firmaron el decreto que los compromete a «usar la fuerza militar letal para destruir a los cárteles (…) De una vez por todas, nos desharemos de ellos».
Si de manera circunstancial. En algún momento, alguno de ellos no se sumase a un despliegue militar contra sus «enemigos» y lo hacen EU y otros de sus aliados, los demás no sólo no lo condenarán, pero lo aclamarán. Legitimarán sus excesos. Abusos. Atrocidades. Actos de barbarie.
Donald Trump, autoerigido en juez universal. Condena y exonera. O alaban sus locuras. O los hace pedazos.
Brasil, Colombia, Nicaragua y México, podrán mantener y aún incrementar su intercambio comercial entre ellos y con Norteamérica como hipócritas izquierdistas enamorados de la oligarquía-neoliberal, pero nuestro país, ineluctablemente, tendrá que encarar el desenfreno. La iracundia de Trump por separado. Adicionalmente.
Ante eso, ¿hará alguno de esos gobiernos de «izquierda», algo para ayudarlo? ¿Se unirán los cuatro para comerciar únicamente entre ellos, en medio de la globalización? ¿Se juntarán para enfrentar, en alguna modalidad, a la desafiante potencia hegemónica?
En el mundo globalizado de hoy, la autarquía no da para tanto. Ya no existe. Todas las naciones se relacionan entre sí, especialmente por los mercados. Cada uno necesita algo del otro. Todos quieren comerciar. Negociar. Vincularse. Y lo están. Estados Unidos, es la prioridad para todos.
Cuando Lula, Petro, Ortega, vean cómo interviene en México contra los cárteles, harán una nueva medición de sus fuerzas. Capacidades. Recalibrarán su postura. Calcularán seguras pérdidas. Ajustarán su izquierdismo. No tienen alternativa. Los otros países del Continente se entregarán voluntariamente. De Cuba ni hablar. Sus días están contados.
Preferirán reconsiderar. Salvarse a sí mismos. Ignorarán la solidaridad. Abandonarán a los demás a su suerte. Se auto desenmascararán. Dejarán el disfraz de rancios. Superados. Antiguos izquierdistas. Caerán en brazos de Estados Unidos.
Con el gobierno de terror que está ejerciendo Donald Trump en todo el planeta, sus objetivos con respecto de México no se circunscriben al ámbito económico. Sin lugar a dudas, en la próxima revisión del T-MEC, impondrá las condiciones que le aventajen. No hay manera de no aceptar sus condiciones.
Lo urgente para él es «resolver» la seguridad que invoca para hacer su acostumbrada arbitrariedad. De donde deriva lo difícil. Insalvable. Peligroso. Funesto para la presa que más desea hoy.
Al cercenar las verdaderas cabezas de los cárteles, cortará la de la presidenta de la República por su oposición de varios meses a hacerlo por sí misma. Por negarse a una acción coordinada con Estados Unidos. De lo que ella se ufana, siendo irreal e incierta. Trump actuará unilateralmente. Sun





