Polígrafo Político

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Ambulantaje y Anarquía en Tapachula
Darinel Zacarías

“Que Gallardón no se pase de listo, que deserte el borrego del rebaño, que volvamos a ver lo nunca visto, que no nazca tan viejo el nuevo año…”
Joaquín Sabina

En Octubre, las autoridades municipales le doraron la píldora a los empresarios del primer cuadro de Tapachula. La soflama de los nuevos inquilinos de palacio consistía en asegurar que no habría tregua al ambulantaje.
Este es un problema social que volvió a apoderase de las principales arterias viales del centro de Tapachula. Previo a ello, los empresarios afectados, endilgaron a la actual administración.
Sí, a través de mantas advertían su descontento y las múltiples consecuencias que esto ocasionaría. De entrada ponían el dedo en la llaga de una competencia desleal, y después, un escenario para avivar la delincuencia.
Caos o barahúnda. Anarquía y fárrago han invadido Tapachula. Carta abierta. Comercializar de todo. Es un escaparate a la impunidad y la ingobernabilidad.
Desde artículos de dudosa procedencia hasta pirotecnia en diversos puntos ciegos y, por extensión, en la clandestinidad.
Se habla de un catastro de más de dos mil vendedores informales, que bajo estricta coordinación y en comparsa con una cloaca bien dibujada, operan a través de paladines que hacen el trabajo sucio.
Se habla de un padrón impune de vendedores informales que diario pagan cuotas o tributos, que oscilan de 100 a 200 Pesos.
Una “polla” por jornal o derecho de piso que oscila en más de 200 mil Pesos. ¿Quién administra esa paga? ¿El Edil actual es comparsa o lo están llevando al baile?
La anarquía ya rebasó al Gobierno. Los empresarios establecidos han reportado pérdidas de más del 70 por ciento. El mercadeo y la informalidad han representado un jugoso negocio para unos cuantos.
Más allá de eso, representan temas de inseguridad, insalubridad y son caldo de cultivo para rienderos, carteristas y demás delincuentes que operan a salto de mata y bajo la complacencia hasta de la misma Policía Municipal.
Y entonces, el Gobierno Municipal ha resultado de oropel. Sin pies ni cabeza, no encuentran la estabilidad para administrar. Se percibe un Tapachula inseguro, con funcionarios inoperantes, con incongruencias ante la ideología obradorista. La corrupción es galopante.
Nadie hace el trabajo de análisis y de reingeniería política. Parece que el Edil en turno se siente omnipotente. Semidios y que sus agoreros, hacen bien el papel de zalamería en su toda su magnificencia.
Por lo pronto, los últimos acontecimientos suscitados entre empresarios y abarroteros informales, ya prendieron las alarmas. Dejaron al desnudo al Edil de Tapachula y su horda. Inoperancia y falta de trabajo político.
El Gobierno del Estado instruyó y retomo el orden en Tapachula. El Ejército y demás corporaciones realizaron razzia contra los expendios de pirotecnia.
Los ambulantes se replegaron. Dejaron por horas limpia la zona céntrica de la Perla del Soconusco, por la tarde, volvieron a sus espacios. Instruidos por los mismos encargados de cobrar los derechos de piso.
La tarea es clara. Si en verdad se quiere erradicar este problema social deben empezar a caer cabezas y exhibir a quienes han creado zozobra e ingobernabilidad.
Quienes tengan metidas las manos y estén hasta el ajo en esta comparsa impune, deben ser los sacrificados. Si son chivos de cristalería o carnes de cañón deben aclarar paradas, de lo contrario, estaríamos ante un Gobierno Municipal simulador e inepto.
Sano es que Gurría corte este nudo gordiano y deje muy en claro, que no le pasan corriente en estos bussines de la corrupción.
Veremos, dijo un ciego. De lo contrario, estaríamos frente a un Gobierno Municipal de mentiritas, demagógico y de chufla.
PD: Les deseo un día lleno de armonía y amor. Un favor, sean felices, aunque sea por joder. Feliz año 2019.
¿Quién dijo que tengo sed?