ALFIL NEGRO

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ALFIL NEGRO
ALFIL NEGRO

Sangre, Sudor y Lágrimas
Oscar D. Ballinas Lezama

Vestidos y alborotados se quedaron los habitantes del sureste mexicano luego de que se había anunciado que bajaría el costo de las gasolinas, el gas y la luz eléctrica; ahora se aclaró que posiblemente será en tres años, cuando se logren construir más refinerías.
Como era de esperarse, la cuarta transformación tendrá que hacerse poco a poco, sobre todo en un país en donde la mafia del poder desgobernó por más de 70 años; arrancar de tajo ese cáncer de corrupción que incubaron sexenio tras sexenio, va a costar sangre, sudor y lágrimas, dicen los analistas políticos.
Afortunadamente, el pueblo de México se ha distinguido por su paciencia y la fe en sus gobernantes, por lo que han depositado su confianza en los que ahora ofrecieron el cambio político a través de una nueva estrategia para ‘sacar el buey de la barranca’; no dudan que los nuevos salvadores de la patria cumplirán con la promesa de ayudar a más de 60 millones de personas hundidas en la pobreza y perdidas en los laberintos de la injusticia social.
Una tarea que se antoja bastante difícil, sobre todo llevarla a cabo dentro de un imperio de violencia creado por delincuentes de cuello blanco y el crimen organizado, considerados los principales depredadores sociales, que lograron conformar un verdadero ejército sediento de poder y dinero.
Los que ahora gobiernan, tratan desesperadamente de imponer sus reglas y ritmo de trabajo, sin embargo, las piedras en el camino son muchas y hasta ahora nadie duda que la cuarta transformación va a contracorriente; aún es temprano para saber si están en el camino correcto, al menos por lucha y entusiasmo no ha quedado, hay esperanza de que logren triunfar en esta lucha por y para el pueblo. Roma no se hizo en un día, y el que porfía mata venado.
Tres meses no son suficientes para evaluar con justicia el trabajo de quienes ahora tienen el sartén por el mango, habrá que esperar un tiempo prudente y justo para que la vox populi dé su veredicto; por lo pronto los mexicanos, en su mayoría, ven con buenos ojos los proyectos anunciados, así como los primeros programas que se han echado a andar a lo largo y ancho del país.
Lo que aún parece no embonar en el sentimiento de la población azteca es la falta de seguridad que se ha acrecentado, sobre todo en la frontera sur del país, con el programa de ‘puertas abiertas para la migración centroamericana’, la que se ha permitido realizar sin el control debido de salud y de un registro oficial de identificación, mediante el cual se pudiera saber sobre los antecedentes penales de los migrantes indocumentados.
La buena voluntad basada en el respeto a los derechos humanos con que ha actuado el Gobierno Federal, ha abierto un boquete criminal en la sociedad soconusquense, convertida en una región cuyos habitantes están pagando los platos rotos, al sufrir un incremento tremendo en los delitos de asalto, robo, violaciones, secuestro, trata de blancas y asesinatos; al grado de que la gente que vive dentro del corredor de los migrantes centroamericanos viven en zozobra y han perdido por completo la poca tranquilidad que se respiraba, hasta antes de que iniciara este ‘programa humanitario’.
Lo que ha llegado como consuelo hasta esta región fronteriza es la creación de la Guardia Nacional, que una vez se eche andar podrán demostrar ‘si como roncan duermen’; ya que la delincuencia parece haberse desatado, aprovechando que los cuerpos policiacos aún no cuentan con la profesionalización requerida, incluyendo la policía investigadora dependiente de la Fiscalía.
Por cierto, propietarios de ranchos en la zona centro y altos de la entidad, piden al Fiscal que ordene la investigación de las invasiones que se están dando en esa zona, como el rancho ‘Las Hortensias’ en Cintalapa, “El Manglar” y “Las Gardenias” en Villaflores; al parecer el subprocurador de Grupos Sociales y Vulnerables de la Fiscalía, Néstor Escobar, debería explicar qué está pasando con estos casos cuyos expedientes, presuntamente, siguen congelados, al igual que cerca de unas 200 invasiones más en la zona indígena, expresaron algunos de los afectados.