El Nuevo Secretario Anticorrupción de la 4T Arlequín

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En el gabinete del Gobierno revolucionario de la autollamada Cuarta Transformación hay una persona que está temblando de miedo ante las acusaciones de corrupción que ha lanzado el ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin.
Se trata de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval. Pero espere, querido conservador, querida fifí. No se acelere, no es que doña Irma aparezca en algún video recibiendo mamachos de billetes. No, la preocupación de la funcionaria de la Función Pública, es que al parecer no funciona. Deme un segundo y verá que esto no es un trabalenguas.
Sandoval es la encargada del combate a la corrupción dentro de la 4T. Es, como dirían en el Gobierno del buen amigo Donald Trump, zar anticorrupción de México. En pocas y simples palabras, es la encargada de denunciar a los corruptos, a los peces flacos y gordos, que hayan cometido actos de corrupción. ¿Y qué ha hecho en dos años la doctora Sandoval? ¿Cuántos peces gordos están en sus redes? La respuesta es sencilla y desoladora: ninguno, cero, nadie.
Por el contrario, con solo 60 hojas de papel y algo de tinta, Emilio Lozoya se cargó a tres Expresidentes, dos excandidatos presidenciales, tres Gobernadores en activo, varios Exsenadores y Exdiputados, un puñado de Secretarios de Estado, empresarios y periodistas. ¡Todos de un jalón!
Claro que aún faltan algunos detalles menores, como comprobar que todas esas acusaciones sean ciertas, pero eso ya es cosa de la Fiscalía General de la República y del Poder Judicial, de los Fiscales y los Jueces, pues. Pero, por lo pronto, el señor Lozoya ya señaló a los culpables y dejó correr un video en que se observan groseras cantidades de dinero en efectivo que son recibidas por operadores, achichincles de Senadores del PAN en la pasada legislatura.
El Presidente, que es un hombre que sabe reconocer cuando se equivoca, y que cambia sus puntos de vista cuando se da cuenta de que no tiene la razón, tendría que reconocer que cometió un error al poner al frente de la lucha anticorrupción de la 4T a doña Irma, pues para ese cargo se necesita un corrupto de cepa, un corrupto de alta escuela, un corrupto de mundo, que tenga contacto y amistad con las grandes empresas mundiales, para las cuales el pago de sobornos forma parte de sus gastos de operación.
Para hacer un verdadero frente a la lucha anticorrupción se requería de un corrupto que, con desparpajo, confiese a la Fiscalía, sin vergüenza y pudor alguno, que recibió millones en sobornos y que algunos de ellos sí se los quedó -pues de algo hay que vivir-, pero que el grueso los utilizó para pagar sobornos. Vea usted la calidad del producto: un corrupto que usa el dinero de los sobornos para corromper a otros corruptos.
En resumen, para la Función Pública se requería alguien que conociera por dentro el tema y que supiera en dónde buscar ilegalidades. Se requiere de un todoterreno. Sin embargo, el Presidente optó por una funcionaria que cuando mucho tiene algunas cuantas propiedades sospechosas y señalamientos de nepotismo, pero nada como lo que se necesitaba para el tamaño del problema. El error del mandatario fue darle el trabajo de un profesional a un aprendiz.
Pero nadie puede acertar el 100 % de las veces, aunque AMLO lo hace 99.99%; así que hay que tratar de aprender de estas experiencias y, por fortuna, aún está a tiempo de enderezar el barco. Si Lozoya ya confesó que recibió sobornos por millones de Dólares y que pagó sobornos por millones de Dólares, y con ello expió sus culpas, el Presidente puede aprovechar y contratarlo para que se haga cargo de la lucha anticorrupción de los próximos años de la 4T y, de esta manera, cumplir con su promesa de acabar con el peor mal que ataca a los mexicanos.
Y como tampoco se trata de maltratar a una patriota, que si bien no pudo con el puesto, se podría enviar a Sandoval a la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, pues ella le sabe bien a eso de los terrenos.
Además, poner a Lozoya al frente de la responsabilidad de perseguir a los corruptos tendría varias ventajas. Primero, ya no se podría robar nada y si lo hiciera sería fácilmente localizable pues tiene un brazalete electrónico para evitar que se pele.
En segundo lugar, tiene motivos muy poderosos para perseguir a sus cómplices Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray, quienes lo dejaron morir solo y lo obligaron a andar a salto de mata por el mundo, mientras ellos gozaban de dinero y libertad. No hay nadie más interesado que Lozoya en que sus copartícipes caigan y devuelvan -como lo hará él- parte del botín, regresar al pueblo lo robado.
Ojalá el Presidente no lo piense más y, por el bien de México, nombre cuanto antes a Emilio Lozoya como su nuevo zar anticorrupción. Sun