Cumbre de Líderes de América del Norte

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Andrew Selee

Hace unos tres o cuatro años, escribí un libro que se llama Fronteras Desvanecientes (Vanishing Frontiers) sobre la creciente relación entre México y Estados Unidos. El argumento era sencillo: a pesar de la falta de atención plena de políticos en ambos países, y a veces su oposición abierta, la interdependencia entre México y Estados Unidos iba en aumento. En especial, el libro intentaba descubrir las huellas de la influencia e impacto mexicano en la vida de los estadounidenses, desde su bienestar económico hasta la cultura del país vecino. Seguí temas desde el comercio y la inversión mexicana en Estados Unidos hasta el cine, la gastronomía y la innovación tecnológica.
Sigo creyendo que el argumento es cierto, y que además la arquitectura no es sólo bilateral entre México y Estados Unidos, sino también regional, con Canadá. Los tres países, que hace hace tres décadas empezaron a negociar un tratado de libre comercio, han terminado siendo más que socios comerciales y se han vuelto una influencia mutua en ámbitos mucho más amplios. Ni la animadversión de Donald Trump a México, ni el escepticismo de Andrés Manuel López Obrador hacia la influencia extranjera, ni una pandemia que parcialmente cerró las fronteras entre los tres países han podido disminuir los niveles de interdependencia e influencia mutua que existen.
Ayer se reunieron los mandatarios de los tres países en Washington para su primera cumbre de Líderes de América del Norte, y la mesa estuvo puesta para avanzar en varios temas comunes, si bien también hay temas en que habrán discrepancias discretas. La agenda abordó tres temas: recuperación de la pandemia, migración y sostenibilidad, todos temas claves para el bienestar de ciudadanos en los tres países.
En el primer tema están los esfuerzos comunes para hacer frente a Covid-19 y mejorar las cadenas de producción entre los tres países. No desaparecerá el virus a corto ni mediano plazo, así que habrá que coordinar para manejarla mejor y seguir bajando los niveles de mortalidad. Y hay grandes oportunidades, en un momento en que las cadenas de producción y suministro están rotos, de ver como incentivar la manufactura en América del Norte y generar más empleo en los tres países.
En el segundo tema, hay no solamente temas de interés para México y Estados Unidos sobre la frontera común, sino un creciente interés en diseñar principios para manejar la migración a nivel hemisférico, con un frente común entre los tres gobiernos para tocar este tema con otros países de las Américas.
El tercer tema, habrán discrepancias en materia energética, pero coincidencias en el plano del medioambiente, que se prestan a cooperación y coordinación, sobre todo en las vísperas de la Conferencia Mundial de Cambio Climático.
No espero grandes noticias de esta cumbre, pero sí un regreso al diálogo y avances pragmáticos en manejar las oportunidades que tienen los tres países en común. La integración real entre México, Estados Unidos y Canadá corre por fuera de los canales oficiales, pero la acción gubernamental es un complemento importante y a veces necesario para tomar ventaja de las oportunidades que ésta genera. SUN