Clama Rafael Acosta: Pensión Para los Rocanroleros Veteranos

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Roberto Ponce

Baterista de Los Locos del Ritmo desde 1958 y Míster Loco en los setenta, Rafael Acosta crea la Fundación Vida, Salud y Rocanrol AC, enfocada en atender las necesidades de los músicos de rock de la tercera edad.
Y si bien desea abarcar “a veteranos como yo, pero de cualquier género sonoro”, por ahora decidió comenzar con los rocanroleros que requieran de esa ayuda.
Él compuso justo en 1958 “Tus ojos” para el primer disco LP de Los Locos del Ritmo (y del rock en español), una pieza que se goza en ya más de 60 versiones desde la grabación original con el primer cantante del grupo, Toño de la Villa (fallecido en 1962, a los 22 años). En 1971, Acosta incluyó su rola de mariachi-rock “Viva Zapata” en el álbum debut del conjunto Los Locos, previo a Míster Loco.
Prepara un nuevo disco solista que saldrá este verano, celebrando 64 años de músico y 80 de edad.
Y al decirlo justifica la propuesta de su proyecto social “en busca de una pensión para nosotros, pues me he fijado que al hacernos viejos no sólo la sociedad, sino el propio Sindicato Único de Trabajadores de la Música [SUTM], que supuestamente protege a los músicos, nos hacen a un lado”.
EL SUTM, agrega, sobrevive por las cuotas que pagan los agremiados.
“Cuando dejas de ser joven te van cambiando de categoría, y cuando ya eres adulto mayor te vuelves un músico ‘administrado’; esta categoría equivale a que el sindicato sólo te permite pagar tus cuotas y que trabajes. Entonces, si te vas a morir el viernes, al sindicato parece que sólo le preocupa avisarte: ‘Pos vente el jueves pa’ que me pagues la cuota y puedes morirte en paz’”.
No exagera, enfatiza el artista en entrevista frente a la Fuente de los Coyotes, en el corazón de Coyoacán. Prosigue:
“Me he dado cuenta, por compañeros que dieron toda su vida al sindicato y al trabajo musical, que cuando más necesitaron de atención médica, el sindicato les cortó los apoyos. Son casos terribles. Un amigo se murió en Chihuahua al carecer de ayuda, y murió prácticamente solo, sin que nadie le tendiera la mano.”
Acosta se refiere a Armando Molina, de La Máquina del Sonido, uno de los organizadores del Festival de Rock y Ruedas en Avándaro 1971, quien falleció, en 2019, el mero Día del Músico, el 22 de noviembre a los 73 años.
“Fue un amigo de toda la vida, excelente bajista, yo lo vi desde que comenzó en el rock; luchó, se dedicó totalmente a la música, y cuando ya decidió irse a tocar y a vivir en Chihuahua con sus hijos, allá se dio cuenta de que el rock que él tocaba había cambiado y ya estaba influido por la música norteña. Total, que tuvo problemas económicos y se enfermó. Fue a una clínica del IMSS y no lo atendieron por no ser agremiado, no tuvo pa’ pagar un doctor ni pudieron internarlo en una clínica particular. Se nos fue por falta de atención médica oportuna.
“Los músicos necesitamos una vejez digna, así como la tienen los abogados o los dentistas, o por nombrarte, el presidente López Obrador acaba de anunciar pensiones y seguro para los periodistas. Yo creo que es muy ingrato e injusto que cuando más requerimos de trabajo y apoyo, ya sea la misma familia o el sindicato, de plano nos dejen solos. Necesitamos dos cosas: doctores y medicamentos, por una parte…”.
“Por primera vez hubo un ritmo muy caliente y nosotros Los Locos del Ritmo fuimos abanderados para expresar las inquietudes de la juventud, pero ningún gobierno ni institución cultural en México le ha dado la trascendencia que merece. El refranero popular lo dice con sabiduría: Nadie es profeta en su tierra… Nosotros lo vivimos en carne propia; como Míster Loco fuimos cuatro veces de giras mundiales luego de ganar el concurso Yamaha en Japón, por encima de Elton John, André Pop y Henry Mancini. Acá ni nos pelaron.”
Acosta cambia la sonrisa:
“Hace cinco años murió el baterista Manny Martínez, de Los Teen Tops, y ayer recibí la triste noticia de que Chema Silva, el baterista original de Los Rebeldes del Rock, también falleció. Entonces, tres de los cuatro bateristas pioneros del rocanrol mexicano ya murieron, y nomás quedo yo…” Apro