martes, enero 31, 2023
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La Geopolítica del Mundial: Qatar y su Creciente Poder

Mauricio Meschoulam
(Analista Internacional)

Los eventos deportivos de alto perfil, reflejan lo que está ocurriendo en el sistema internacional. Considere lo siguiente: a inicios del 2022, Qatar acababa de ser nombrado «Aliado Mayor No-Miembro de la OTAN», un nombramiento que Washington concede solo a socios especiales. Iniciaban los juegos olímpicos de invierno en Beijing, diplomáticamente boicoteados por EU y sus aliados. Putin llegaba a China como invitado especial y Xi le respaldaba por sus «legítimas aspiraciones de seguridad». A pesar del boicot de EU, su aliado, el emir de Qatar llegaba también a China, asistía a eventos y ceremonias, mostrando que su alianza con EU no podía arriesgar sus intereses con Beijing. Es decir, la realidad es que, gracias a su poder, Qatar se va convirtiendo en un actor cada vez más atractivo para tener de socio, y a la vez, un actor que pocos desean enfrentar.
Pensemos por ejemplo en la Primavera Árabe. Tras la convulsión generada a causa de esa ola de manifestaciones, Qatar encuentra un área de oportunidad, pero su respaldo a actores islamistas llevó a Doha a una serie de disputas políticas con el reino saudí y con varios de sus aliados, quienes terminaron por romper sus lazos diplomáticos con el emirato y por establecer un bloqueo económico y comercial contra Qatar. Más aún, Qatar tuvo que enfrentar la animadversión de Trump tras el boicot saudí. A pesar de tratarse de dos aliados estratégicos, el entonces presidente estadounidense claramente mostraba su inclinación por Riad. De igual forma, Qatar se enfrentó con Rusia en el tema de Siria. Mientras que Moscú respaldaba e intervenía a favor de su aliado, el presidente Assad, Doha apoyó a la rebelión en su contra. Lo mismo en Libia en donde Doha y Moscú apoyaron a bandos rivales.
Pero la cuestión es que, a pesar de todo lo anterior, Qatar resistió. Así, sus diferencias con diversos países árabes se han ido disipando. En cuanto a Rusia, a pesar de sus posiciones opuestas en distintos conflictos regionales, Qatar y Moscú mantienen una relación pragmática. Además de tener una amplia agenda de cooperación en temas como deportes, turismo e infraestructura, Doha conserva a la fecha una importante inversión en Rosneft, la petrolera rusa. Por tanto, la posición del emirato en cuanto a la intervención rusa en Ucrania ha sido por un lado expresar su defensa de la soberanía e integridad territorial ucranianas, pero al mismo tiempo, no participar en las sanciones en contra de Moscú.
Es verdad que el emir no desea contrariar a Putin, poner en riesgo sus inversiones y sobre todo su política exterior balanceada. Pero también lo que pasa es que Qatar lo hace no solo porque quiere, sino porque puede. Uno de los motivos, obviamente, es que Qatar es visto por Occidente como una fuente alternativa para sustituir la energía rusa. Pero hay otros factores. El peso del emirato está fundamentado ya no solamente en lo económico, sino también en las redes y alianzas políticas y militares que ha tejido regional y globalmente desde hace años.
La cuestión de fondo es comprender que en medio de todo lo anterior, el interés de Qatar está no en ayudar a otros, sino en incrementar su propio poder e influencia, y que su capacidad para hacerlo y para mantener sus balances, parece estar orillando a actores regionales y globales a asumir que no tienen alternativa sino coexistir con esos intereses.
Así que, al final del camino y muy al margen de las justificadas críticas que se hacen contra Qatar -relacionadas con temas laborales, derechos humanos, género y corrupción- la realidad es que la puesta en escena de esta copa mundial de fútbol sirve a los intereses del emirato como una pieza más del complejo rompecabezas que describo. Sun

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La Geopolítica del Mundial: Qatar y su Creciente Poder

Mauricio Meschoulam
(Analista Internacional)

Los eventos deportivos de alto perfil, reflejan lo que está ocurriendo en el sistema internacional. Considere lo siguiente: a inicios del 2022, Qatar acababa de ser nombrado «Aliado Mayor No-Miembro de la OTAN», un nombramiento que Washington concede solo a socios especiales. Iniciaban los juegos olímpicos de invierno en Beijing, diplomáticamente boicoteados por EU y sus aliados. Putin llegaba a China como invitado especial y Xi le respaldaba por sus «legítimas aspiraciones de seguridad». A pesar del boicot de EU, su aliado, el emir de Qatar llegaba también a China, asistía a eventos y ceremonias, mostrando que su alianza con EU no podía arriesgar sus intereses con Beijing. Es decir, la realidad es que, gracias a su poder, Qatar se va convirtiendo en un actor cada vez más atractivo para tener de socio, y a la vez, un actor que pocos desean enfrentar.
Pensemos por ejemplo en la Primavera Árabe. Tras la convulsión generada a causa de esa ola de manifestaciones, Qatar encuentra un área de oportunidad, pero su respaldo a actores islamistas llevó a Doha a una serie de disputas políticas con el reino saudí y con varios de sus aliados, quienes terminaron por romper sus lazos diplomáticos con el emirato y por establecer un bloqueo económico y comercial contra Qatar. Más aún, Qatar tuvo que enfrentar la animadversión de Trump tras el boicot saudí. A pesar de tratarse de dos aliados estratégicos, el entonces presidente estadounidense claramente mostraba su inclinación por Riad. De igual forma, Qatar se enfrentó con Rusia en el tema de Siria. Mientras que Moscú respaldaba e intervenía a favor de su aliado, el presidente Assad, Doha apoyó a la rebelión en su contra. Lo mismo en Libia en donde Doha y Moscú apoyaron a bandos rivales.
Pero la cuestión es que, a pesar de todo lo anterior, Qatar resistió. Así, sus diferencias con diversos países árabes se han ido disipando. En cuanto a Rusia, a pesar de sus posiciones opuestas en distintos conflictos regionales, Qatar y Moscú mantienen una relación pragmática. Además de tener una amplia agenda de cooperación en temas como deportes, turismo e infraestructura, Doha conserva a la fecha una importante inversión en Rosneft, la petrolera rusa. Por tanto, la posición del emirato en cuanto a la intervención rusa en Ucrania ha sido por un lado expresar su defensa de la soberanía e integridad territorial ucranianas, pero al mismo tiempo, no participar en las sanciones en contra de Moscú.
Es verdad que el emir no desea contrariar a Putin, poner en riesgo sus inversiones y sobre todo su política exterior balanceada. Pero también lo que pasa es que Qatar lo hace no solo porque quiere, sino porque puede. Uno de los motivos, obviamente, es que Qatar es visto por Occidente como una fuente alternativa para sustituir la energía rusa. Pero hay otros factores. El peso del emirato está fundamentado ya no solamente en lo económico, sino también en las redes y alianzas políticas y militares que ha tejido regional y globalmente desde hace años.
La cuestión de fondo es comprender que en medio de todo lo anterior, el interés de Qatar está no en ayudar a otros, sino en incrementar su propio poder e influencia, y que su capacidad para hacerlo y para mantener sus balances, parece estar orillando a actores regionales y globales a asumir que no tienen alternativa sino coexistir con esos intereses.
Así que, al final del camino y muy al margen de las justificadas críticas que se hacen contra Qatar -relacionadas con temas laborales, derechos humanos, género y corrupción- la realidad es que la puesta en escena de esta copa mundial de fútbol sirve a los intereses del emirato como una pieza más del complejo rompecabezas que describo. Sun

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Mauricio Meschoulam
(Analista Internacional)

Los eventos deportivos de alto perfil, reflejan lo que está ocurriendo en el sistema internacional. Considere lo siguiente: a inicios del 2022, Qatar acababa de ser nombrado «Aliado Mayor No-Miembro de la OTAN», un nombramiento que Washington concede solo a socios especiales. Iniciaban los juegos olímpicos de invierno en Beijing, diplomáticamente boicoteados por EU y sus aliados. Putin llegaba a China como invitado especial y Xi le respaldaba por sus «legítimas aspiraciones de seguridad». A pesar del boicot de EU, su aliado, el emir de Qatar llegaba también a China, asistía a eventos y ceremonias, mostrando que su alianza con EU no podía arriesgar sus intereses con Beijing. Es decir, la realidad es que, gracias a su poder, Qatar se va convirtiendo en un actor cada vez más atractivo para tener de socio, y a la vez, un actor que pocos desean enfrentar.
Pensemos por ejemplo en la Primavera Árabe. Tras la convulsión generada a causa de esa ola de manifestaciones, Qatar encuentra un área de oportunidad, pero su respaldo a actores islamistas llevó a Doha a una serie de disputas políticas con el reino saudí y con varios de sus aliados, quienes terminaron por romper sus lazos diplomáticos con el emirato y por establecer un bloqueo económico y comercial contra Qatar. Más aún, Qatar tuvo que enfrentar la animadversión de Trump tras el boicot saudí. A pesar de tratarse de dos aliados estratégicos, el entonces presidente estadounidense claramente mostraba su inclinación por Riad. De igual forma, Qatar se enfrentó con Rusia en el tema de Siria. Mientras que Moscú respaldaba e intervenía a favor de su aliado, el presidente Assad, Doha apoyó a la rebelión en su contra. Lo mismo en Libia en donde Doha y Moscú apoyaron a bandos rivales.
Pero la cuestión es que, a pesar de todo lo anterior, Qatar resistió. Así, sus diferencias con diversos países árabes se han ido disipando. En cuanto a Rusia, a pesar de sus posiciones opuestas en distintos conflictos regionales, Qatar y Moscú mantienen una relación pragmática. Además de tener una amplia agenda de cooperación en temas como deportes, turismo e infraestructura, Doha conserva a la fecha una importante inversión en Rosneft, la petrolera rusa. Por tanto, la posición del emirato en cuanto a la intervención rusa en Ucrania ha sido por un lado expresar su defensa de la soberanía e integridad territorial ucranianas, pero al mismo tiempo, no participar en las sanciones en contra de Moscú.
Es verdad que el emir no desea contrariar a Putin, poner en riesgo sus inversiones y sobre todo su política exterior balanceada. Pero también lo que pasa es que Qatar lo hace no solo porque quiere, sino porque puede. Uno de los motivos, obviamente, es que Qatar es visto por Occidente como una fuente alternativa para sustituir la energía rusa. Pero hay otros factores. El peso del emirato está fundamentado ya no solamente en lo económico, sino también en las redes y alianzas políticas y militares que ha tejido regional y globalmente desde hace años.
La cuestión de fondo es comprender que en medio de todo lo anterior, el interés de Qatar está no en ayudar a otros, sino en incrementar su propio poder e influencia, y que su capacidad para hacerlo y para mantener sus balances, parece estar orillando a actores regionales y globales a asumir que no tienen alternativa sino coexistir con esos intereses.
Así que, al final del camino y muy al margen de las justificadas críticas que se hacen contra Qatar -relacionadas con temas laborales, derechos humanos, género y corrupción- la realidad es que la puesta en escena de esta copa mundial de fútbol sirve a los intereses del emirato como una pieza más del complejo rompecabezas que describo. Sun

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