lunes, enero 30, 2023
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Doble Fondo

Ah, la Extorsión, esa Buena Vida…
Juan Pablo Becerra-Acosta

Era 16 de diciembre. Al fin, luego de un extenuante año, llegaba la hora de la gozadera, el tiempo de las interminables posadas decembrinas que iniciaban justo ese viernes. ¡Qué maravilla! Todos se sentían ligeros de alma y cuerpo. Acicalados, unos andaban en sus motonetas y se paseaban por el Centro Histórico chilango, muy al estilo Colombia, trepados de dos en dos en sus ratonetas, para que a todos les quedara claro que el vato con gorra que iba sentado atrás llevaba una pistola enfundada en algún lado de sus ropas, y ya sabes, cuando se ocupa, jala el gatillo sin miramientos, carnal.
«Tú no eres una persona, eres un negocio», narró alguna vez un hitman. Así, sin parpadear, sentenciaba a sus víctimas de secuestro.
Diciembre 16. Todos iban sonrientes y eufóricos porque recién, cuatro días antes, el lunes 12, durante los festejos de la Virgen de Guadalupe, habían sido absueltos de sus pecados: en su mundo, los curas, los sacerdotes, los padrecitos de barrios, colonias y manzanas, tal como reciben jugosos narco regalos navideños sin chistar, escuchan abundantes confesiones infernales y reparten generosas absoluciones.
Así que, «sin pecados concebidos» -reían unos, se carcajeaban otros- podían empezar ya a saborear los muchos frutos de su trabajo, aunque los patrones les habían advertido que no se perdieran del todo en bailes y antros porque todavía les quedaban once días más de jale. Y sí, porque casi todos los negocios generan sus mejores ganancias anuales durante las navidades.
Ni hablar, son días de hacer cuentas, cálculos, «contabilidad creativa», como dicen sus patrones, y luego pasar a cobrar personalmente a cada negocio, o comprar teléfonos nuevos desechables y mandar mensajes de cobranza. Dinero fácil, rápido y garantizado, porque ningún vivales se atreve a alegar en esa temporada que no hay lana. Todos tienen algo que aportar para que sus changarros puedan seguir funcionando. Es el territorio salvaje del pisaje, del cobro de piso ante el cual nadie se rebela porque, mira carnal, suceden cosas. Qué le hacemos, la banda es culera.
Suceden cosas, la banda es culera. Levantones, madrizas, violaciones, negocios quemados, y en el peor de los casos, para los más necios, valientes o chivatos, plomo. Cajuela, cobija, motosierra, machete, cachitos. Lo que usted compre en el barato y variado mercado del sicariato. Ya sabe, se le brinda lo que usted requiera, siempre con el sello de la casa: con sangre, terror e impunidad garantizada.
De acuerdo al Inegi, a su Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2022, durante 2021 (todavía no están disponibles las cifras completas del año pasado), se cometieron en todo el país… ¡4.9 millones de delitos de extorsión! Cerrémoslo en cinco millones durante un año y haga usted cuentas: son 13 mil 698 casos por día, en promedio. Tenemos el equivalente a una división militar (entre 10 y 15 mil soldados) de extorsionadores regados por las calles cada día. En doce entidades la extorsión ya es el delito más frecuente (en 2020 lo fue en 11 estados).
¿Cuánto cuesta todo esto? De acuerdo a las estimaciones de la ENVIPE, las «pérdidas monetarias por victimización», que son aquellas padecidas a consecuencia de haber sido víctima de uno a más delitos, así como «gastos a consecuencia de daños en la salud», fueron de prácticamente dos mil millones de Pesos (1,999 millones).
¿Cuántos delitos se denuncian? En 2021, solo el 6.8%. Y en el caso de extorsión, ¿cuál es la cifra negra (los delitos no denunciados o donde no hubo carpeta de investigación)? Este delito ocupa el primer lugar nacional: en 2021 su cifra negra fue de 97.4%. Impunidad garantizada.
Por eso las extorsiones, el capitalismo de hamaca, siguen creciendo y están fuera de control.
Pero qué tal la grilla de los Gobernadores, la Jefa de Gobierno y el Presidente. Sun

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Juan Pablo Becerra-Acosta

Era 16 de diciembre. Al fin, luego de un extenuante año, llegaba la hora de la gozadera, el tiempo de las interminables posadas decembrinas que iniciaban justo ese viernes. ¡Qué maravilla! Todos se sentían ligeros de alma y cuerpo. Acicalados, unos andaban en sus motonetas y se paseaban por el Centro Histórico chilango, muy al estilo Colombia, trepados de dos en dos en sus ratonetas, para que a todos les quedara claro que el vato con gorra que iba sentado atrás llevaba una pistola enfundada en algún lado de sus ropas, y ya sabes, cuando se ocupa, jala el gatillo sin miramientos, carnal.
«Tú no eres una persona, eres un negocio», narró alguna vez un hitman. Así, sin parpadear, sentenciaba a sus víctimas de secuestro.
Diciembre 16. Todos iban sonrientes y eufóricos porque recién, cuatro días antes, el lunes 12, durante los festejos de la Virgen de Guadalupe, habían sido absueltos de sus pecados: en su mundo, los curas, los sacerdotes, los padrecitos de barrios, colonias y manzanas, tal como reciben jugosos narco regalos navideños sin chistar, escuchan abundantes confesiones infernales y reparten generosas absoluciones.
Así que, «sin pecados concebidos» -reían unos, se carcajeaban otros- podían empezar ya a saborear los muchos frutos de su trabajo, aunque los patrones les habían advertido que no se perdieran del todo en bailes y antros porque todavía les quedaban once días más de jale. Y sí, porque casi todos los negocios generan sus mejores ganancias anuales durante las navidades.
Ni hablar, son días de hacer cuentas, cálculos, «contabilidad creativa», como dicen sus patrones, y luego pasar a cobrar personalmente a cada negocio, o comprar teléfonos nuevos desechables y mandar mensajes de cobranza. Dinero fácil, rápido y garantizado, porque ningún vivales se atreve a alegar en esa temporada que no hay lana. Todos tienen algo que aportar para que sus changarros puedan seguir funcionando. Es el territorio salvaje del pisaje, del cobro de piso ante el cual nadie se rebela porque, mira carnal, suceden cosas. Qué le hacemos, la banda es culera.
Suceden cosas, la banda es culera. Levantones, madrizas, violaciones, negocios quemados, y en el peor de los casos, para los más necios, valientes o chivatos, plomo. Cajuela, cobija, motosierra, machete, cachitos. Lo que usted compre en el barato y variado mercado del sicariato. Ya sabe, se le brinda lo que usted requiera, siempre con el sello de la casa: con sangre, terror e impunidad garantizada.
De acuerdo al Inegi, a su Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2022, durante 2021 (todavía no están disponibles las cifras completas del año pasado), se cometieron en todo el país… ¡4.9 millones de delitos de extorsión! Cerrémoslo en cinco millones durante un año y haga usted cuentas: son 13 mil 698 casos por día, en promedio. Tenemos el equivalente a una división militar (entre 10 y 15 mil soldados) de extorsionadores regados por las calles cada día. En doce entidades la extorsión ya es el delito más frecuente (en 2020 lo fue en 11 estados).
¿Cuánto cuesta todo esto? De acuerdo a las estimaciones de la ENVIPE, las «pérdidas monetarias por victimización», que son aquellas padecidas a consecuencia de haber sido víctima de uno a más delitos, así como «gastos a consecuencia de daños en la salud», fueron de prácticamente dos mil millones de Pesos (1,999 millones).
¿Cuántos delitos se denuncian? En 2021, solo el 6.8%. Y en el caso de extorsión, ¿cuál es la cifra negra (los delitos no denunciados o donde no hubo carpeta de investigación)? Este delito ocupa el primer lugar nacional: en 2021 su cifra negra fue de 97.4%. Impunidad garantizada.
Por eso las extorsiones, el capitalismo de hamaca, siguen creciendo y están fuera de control.
Pero qué tal la grilla de los Gobernadores, la Jefa de Gobierno y el Presidente. Sun

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Era 16 de diciembre. Al fin, luego de un extenuante año, llegaba la hora de la gozadera, el tiempo de las interminables posadas decembrinas que iniciaban justo ese viernes. ¡Qué maravilla! Todos se sentían ligeros de alma y cuerpo. Acicalados, unos andaban en sus motonetas y se paseaban por el Centro Histórico chilango, muy al estilo Colombia, trepados de dos en dos en sus ratonetas, para que a todos les quedara claro que el vato con gorra que iba sentado atrás llevaba una pistola enfundada en algún lado de sus ropas, y ya sabes, cuando se ocupa, jala el gatillo sin miramientos, carnal.
«Tú no eres una persona, eres un negocio», narró alguna vez un hitman. Así, sin parpadear, sentenciaba a sus víctimas de secuestro.
Diciembre 16. Todos iban sonrientes y eufóricos porque recién, cuatro días antes, el lunes 12, durante los festejos de la Virgen de Guadalupe, habían sido absueltos de sus pecados: en su mundo, los curas, los sacerdotes, los padrecitos de barrios, colonias y manzanas, tal como reciben jugosos narco regalos navideños sin chistar, escuchan abundantes confesiones infernales y reparten generosas absoluciones.
Así que, «sin pecados concebidos» -reían unos, se carcajeaban otros- podían empezar ya a saborear los muchos frutos de su trabajo, aunque los patrones les habían advertido que no se perdieran del todo en bailes y antros porque todavía les quedaban once días más de jale. Y sí, porque casi todos los negocios generan sus mejores ganancias anuales durante las navidades.
Ni hablar, son días de hacer cuentas, cálculos, «contabilidad creativa», como dicen sus patrones, y luego pasar a cobrar personalmente a cada negocio, o comprar teléfonos nuevos desechables y mandar mensajes de cobranza. Dinero fácil, rápido y garantizado, porque ningún vivales se atreve a alegar en esa temporada que no hay lana. Todos tienen algo que aportar para que sus changarros puedan seguir funcionando. Es el territorio salvaje del pisaje, del cobro de piso ante el cual nadie se rebela porque, mira carnal, suceden cosas. Qué le hacemos, la banda es culera.
Suceden cosas, la banda es culera. Levantones, madrizas, violaciones, negocios quemados, y en el peor de los casos, para los más necios, valientes o chivatos, plomo. Cajuela, cobija, motosierra, machete, cachitos. Lo que usted compre en el barato y variado mercado del sicariato. Ya sabe, se le brinda lo que usted requiera, siempre con el sello de la casa: con sangre, terror e impunidad garantizada.
De acuerdo al Inegi, a su Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2022, durante 2021 (todavía no están disponibles las cifras completas del año pasado), se cometieron en todo el país… ¡4.9 millones de delitos de extorsión! Cerrémoslo en cinco millones durante un año y haga usted cuentas: son 13 mil 698 casos por día, en promedio. Tenemos el equivalente a una división militar (entre 10 y 15 mil soldados) de extorsionadores regados por las calles cada día. En doce entidades la extorsión ya es el delito más frecuente (en 2020 lo fue en 11 estados).
¿Cuánto cuesta todo esto? De acuerdo a las estimaciones de la ENVIPE, las «pérdidas monetarias por victimización», que son aquellas padecidas a consecuencia de haber sido víctima de uno a más delitos, así como «gastos a consecuencia de daños en la salud», fueron de prácticamente dos mil millones de Pesos (1,999 millones).
¿Cuántos delitos se denuncian? En 2021, solo el 6.8%. Y en el caso de extorsión, ¿cuál es la cifra negra (los delitos no denunciados o donde no hubo carpeta de investigación)? Este delito ocupa el primer lugar nacional: en 2021 su cifra negra fue de 97.4%. Impunidad garantizada.
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