jueves, febrero 26, 2026
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Aún sin “El Mencho”… el Monstruo ahí Seguirá

Enrique Olivares

Mataron la cabeza. El cuerpo sigue vivo. El monstruo está de pie. Murió «El Mencho». Su organización se va a mantener. Por su capacidad de regeneración. Reproducción. Multiplicación. Nada que celebrar. Todo para preocuparse.
Estado y crimen organizado son dos fuerzas colosales en pugna. Una legal. Otra criminal. Esta no va a ceder. Aquella, contra todo, debe vencer. El suyo es como un choque entre dos Estados. La guerra seguirá. Indefinidamente.
La caída de Nemesio Oseguera Cervantes no es para cantar victoria. Ese hecho, previsiblemente, abrirá más las puertas del Infierno.
El país convulsionado. Paralizado. Aterrorizado. Incendiado en la mayor parte de su geografía por el ejército –propiamente descrito– del capo, evidencia la dimensión. El poder que cobró el cártel que encabezaba.
Oseguera Cervantes ya no está. Pero deja tras de sí una estructura que, por ningún motivo dejarán caer o perder los más directamente relacionados con ella. Con un alcance transnacional, posee todos los recursos para mantenerse.
En esa línea está no sólo el Cártel Jalisco Nueva Generación. Hay otros con esas capacidades. Pueden agruparse al verse amenazados. Podrían formar un cártel aún más grande. Poderoso. Sanguinario. Beligerante. Un supraestado.
Al que acaba de ser golpeado por la muerte de su cabecilla, tratarán de liderarlo más de uno. Su nuevo jefe buscará un acuerdo. Con quien sea. Al precio que sea. Protegido por connivencia oficial. O por su cuenta, seguirá siendo una empresa. Un negocio extraordinariamente rentable.
Por su presencia. Organización. Capacidad de movilización y de fuego. Información. Acción. Reacción. Por sus amplias redes de complicidad. Corrupción. Protección. Dominio, que le permitieron operar en todo el país y en el mundo, el narcotráfico, aquí, se institucionalizó.
La del narcotráfico es la peor. Anormal. Ilegal. Reprobable. Amoral, pero como un todo, es una institción. Los cárteles, dada la normalidad con la que operan. Más allá de sus mutaciones. Ramificaciones, son una institución.
Institución en sentido positivo, es un organismo establecido para desempeñar determinados roles. Tiende a ser fijo. Permanente. Actualizable. Como parte vital de todo gobierno, existe una amplia gama, mirando a cubrir cada área de servicio a la comunidad.
El crimen organizado es su antítesis. Tiene ascendiente. Control. Líneas de sometimiento sobre todas las ramas de producción que existen. Por su naturaleza negativa, emerge. Actúa. Se desarrolla en la ilegalidad. En la clandestinidad. Su fuerza radica exclusivamente en la violencia. Va de la amenaza al asesinato.
Sin ninguna contemplación, ha llevado sus funestas prácticas al nivel del terrorismo. En Estados Unidos los cárteles han sido colocados en ese status. Los frecuentes señalamientos que se hacen allá de que México es gobernado por criminales no son infundados. Los narcopolíticos son bien conocidos.
Extrapolando al Estado con el crimen organizado, éste se ha empatado con aquél. Lo ha sustituido. O se le ha empalmado, en varias de sus funciones más propias. Esenciales. Fundacionales: la seguridad y el cobro de impuestos.
Sobre esas piedras angulares se sostiene uno legalmente. El otro descansa sobre ellas para lucrar y criminalizar la vida de México.
Los criminales emulan al Estado en varias formas. Simulan sometiendo, corrompiendo sus aparatos represivos: policías. Agentes del Ministerio Público. Jueces. En vez de cárceles, instrumento legalmente organizado, usan fosas. De ellas han sembrado todo el territorio nacional.
Como ha sido ampliamente documentado por años, el cartelismo se sobrepuso, en particular, a las entidades públicas encargadas de manejar recursos presupuestales y recaudatorios. A los cuerpos de vigilancia. Se las apropió por medios violentos. Las aprovecha para su exclusivo beneficio.
Las armas. El dinero. La impunidad. Permisividad, ampliaron su dominio. Cobró una fuerza inusitada. Se colocó por encima de funcionarios. Los impone para cuidar sus intereses. Aniquila a los que le estorbaban.
Su poder e influencia han llegado a tal grado, que ha llevado al poder a alcaldes. Legisladores. Gobernadores. ¿Presidentes? Les ha financiado su encumbramiento. Ha asesinado a quienes no atienden sus órdenes, obstaculizan sus delitos o se atreven a castigarlos.
El crimen organizado, aún fragmentado como opera en tantas regiones del país, es una institución. Igual que las establecidas por ley, se rehace. Reconfigura. Fortalece, mirando a no perder sus objetivos. Para eficientar. Optimizar. Rentabilizar al máximo sus actividades.
Contra ese fenómeno. Un verdadero. Temible monstruo de mil cabezas, sólo queda la apelación al uso legítimo de la violencia. Corresponde ejercer esa facultad legal única y exclusivamente al jefe del Estado. Si quiere conservarlo.
En el caso de México, jurídica. Ética. Moral. Históricamente, la presidenta de la República está irrecusablemente obligada a desplegar toda esa fuerza. Todo el aparato estatal para contener el daño que representa la presencia de los cárteles en prácticamente la República entera.
La decapitación del CJNG es un paso importante en esa dirección. Pero no es suficiente. El país está infestado de criminales. Muchos de ellos son identificables por la ciudadanía. Algunos son incluso sus colaboradores.
Hace por más de tres meses, el 5 de noviembre de 2025, Claudia Sheinbaum expresó:
«…regresar a la guerra contra el narco no es opción». No es opción. Primero porque está fuera del marco de la ley. (…) Es permiso para matar. Sin ningún juicio. Y eso en México nadie o muy poquitos están de acuerdo…».
De esa sola declaración se desprende el desconocimiento total de lo que para la presidenta son los conceptos Estado. Derecho. Guerra.
La entrega de 92 importantes criminales a Estados Unidos es insuficiente. La muerte de «El Mencho», con todo lo significativo que es, no lo satisface. El objetivo último de Trump, es la entrega de los protectores de los grandes capos. Andrés Manuel López Obrador sería el más importante.
«El Mencho», «El Chapo», «El Mayo» ya fueron. Otros, aún sin apodos. Incluso con cargos en el gobierno, todavía están. Son los artífices y soportes de aquellos. Y para el presidente norteamericano, ellos tienen que ser llevados ante la justicia. Nada para echar las campanas a vuelo.
«Lo haces tú. O lo hago yo». Es el dilema que, tarde o temprano, Claudia Sheinbam…tendrá que despejar.
¿Tranquilidad en el país a las pocas horas de lo que se vio por todos lados con incendios, bloqueos, cierre de comercios, cancelación de vuelos, corridas de autobuses, espectáculos masivos, colapso de toda actividad? Puño de hierro. Intolerancia total. Sun

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