Delincuencia se Apodera del Primer Cuadro de Tapachula

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Delincuencia se Apodera del Primer Cuadro de Tapachula

* DE ACUERDO A CIFRAS DEL INEGI EL 85 % DE LA POBLACIÓN CONSIDERA QUE VIVIR EN TAPACHULA ES INSEGURO. A DIARIO SE COMETEN ASALTOS, ROBOS A NEGOCIOS.
* LA CIUDADANÍA VICTIMA DE LA DELINCUENCIA, SOLICITA LA INTERVENCIÓN DEL GOBIERNO DEL ESTADO Y DEL EJÉRCITO, PORQUE EL ALCALDE OSCAR GURRÍA y CORPORACIONES POLICIACAS MUNICIPALES NO HAN PODIDO GARANTIZAR LA SEGURIDAD EN EL MUNICIPIO.

Tapachula, Chiapas; 3 de Noviembre.- De acuerdo a la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), el 96.1 por ciento de la población mayor de 18 años de edad en Tapachula consideró que este municipio tiene su mayor problemática en materia inseguridad y delincuencial, incluyendo robos, extorsiones, secuestros y fraudes.
Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), del Gobierno Federal, que establece que es la cifra más alta en el país y, con ello, el primer lugar nacional en ese sector.
Por si fuera poco, la dependencia confirmó también que el 85.6 por ciento considera que vivir en Tapachula es inseguro.
Por ello, representantes de diversos sectores productivos han coincidido en que la estrategia de seguridad implementada por el aún alcalde, Oscar Gurría Penagos, durante este primer año al frente de la administración municipal, ha sido todo un fracaso.
Se desconoce también cuáles han sido los arreglos para mantener al frente de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal a Pedro Enock García Palazuelos.
No hay ningún punto de la ciudad donde la población no se queje del incremento en la inseguridad este año, independientemente de la falta de obras, de los pésimos servicios públicos y de que, en términos generales, es la peor administración en la historia de Tapachula.
Sin embargo, lo más preocupante es que la delincuencia se ha apoderado del primer cuadro de la ciudad, la segunda más importante del Estado.
Los asaltos armados y los robos a negocios establecidos se han dado incluso a unos metros de las oficinas temporales de Gurría y compañía, es decir, la Presidencia Municipal.
Uno de los sectores más afectados es el de la 1ª Oriente, a partir de la Central Norte hasta la 4ª Avenida, donde los delincuentes tienen a azolados tanto a transeúntes como a los comercios establecidos.
Casualmente, los elementos de la Policía Municipal ni se enteran de los atracos, sino hasta mucho después. Hacen su escándalo con las sirenas de las patrullas y, como siempre, no dan con el paradero de los bandidos.
Esa casualidad ha hecho suponer a las víctimas de los atracos que pudiera haber algún tipo de complicidad entre los policías municipales y los delincuentes.
El problema se ha agudizado en los últimos dos meses en ese lugar, porque se han registrado varios asaltos a comercios.
En ese céntrico sector, una empresa dedicada a la venta de celulares, en menos de un mes, fue objeto de la delincuencia tres veces. Por ello, este sábado cerró sus puertas definitivamente.
Esa misma suerte ha corrido el local de perfumería y otros aledaños. Las víctimas señalan que en los atracos participan dos hombres y una mujer, sin ocultar sus identidades que, después de cometer los asaltos, se retiran caminando, como si nada hubiera pasado.
Los afectados están solicitando la intervención del gobierno del Estado y del Ejército, no solo para garantizar la seguridad que Gurría y compañía han sido inútiles para ello, sino también para detener a los culpables e investigar su probable relación con policías municipales.
Mientras que algunos comercios establecidos están teniendo que cerrar por esos niveles de inseguridad en el centro de Tapachula, las tiendas de conveniencia están reforzando con cortinas metálicas sus puertas y ventanas por las mismas causas.
Hubo algún afectado que fue a buscar a Gurría para reclamarle por la inseguridad, pero le dijeron que había ido a una fiesta particular a San Cristóbal de las Casas.
Aunque ya regresó, porque inauguró la majestuosa obra de su gobierno: Unas florecitas de aserrín pintado en el centro de la ciudad y un semáforo que ya no sirve. EL ORBE / Ildefonso Ochoa Argüello