viernes, febrero 3, 2023
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Gobierno de Gurría Desaloja con Violencia Policíaca a Indígenas de Pavencul que Exigen Justicia y Obras

*EL ALCALDE NUNCA DIO LA CARA. *REPORTAN 45 DETENIDOS, VARIOS DESAPARECIDOS Y MÁS DE CIEN LESIONADOS. *TRES COMUNICADORES ENTRE ELLOS UNA ACTIVISTA Y PERIODISTA QUE ESPOSARON Y FUE ENVIADA A LA FISCALIA.

Tapachula, Chiapas; 27 de Enero.- El Ayuntamiento que aún preside el alcalde, Oscar Gurría Penagos, ordenó a la Policía Municipal desalojar a golpes y con gases lacrimógenos a cientos de indígenas que se manifestaban pacíficamente en la explanada del parque central de la ciudad.
Con ello, Tapachula vivió este lunes un día de pánico y de crisis de ingobernabilidad, donde más de 300 establecimientos comerciales tuvieron que paralizar sus actividades, cerrar sus cortinas y aguantar su inconformidad, luego de que sus representantes camerales se han convertido en aplaudidores del mandatario local, pase lo que pase a sus agremiados.
De manera respetuosa y apegados al estado de derecho, los habitantes de esa región, conformada por 32 comunidades y en donde viven miles de personas, han denunciado reiteradamente los altos índices de inseguridad que hay en esa parte de la zona rural de Tapachula.
Por ello, el sábado celebraron una asamblea en la que participó la población de esas comunidades y acordaron que llegarían este lunes a la cabecera municipal a exigir justicia para acabar con la impunidad.
Además, le recordarían a Gurría Penagos todos los ofrecimientos en materia de obra pública que les prometió durante su campaña de proselitismo, cuando encabezó la planilla del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), rumbo a la alcaldía, hace casi dos años, pero nunca regresó.
La intención era aprovechar que el Alcalde estaría en sus oficinas para realizar su conferencia de prensa de cada lunes.
Por ello, infinidad de carros particulares y del servicio público realizaron una larguísima caravana que partió alrededor de las cinco de la mañana de aquella región cafetalera, hasta llegar cuatro horas después a la cabecera municipal.
Estacionaron sus vehículos en las calles periféricas a la Presidencia Municipal y con eso quedó bloqueada la circulación vial del primer cuadro de la ciudad.
Momentos antes, las autoridades habían ordenado el desalojo del personal de la alcaldía, de la Unidad Administrativa y de la Fiscalía de Distrito, suspender todas las actividades, y reforzar la seguridad de esas instalaciones con cientos de elementos de diversas corporaciones, hasta con la Guardia Nacional.
En realidad, el Alcalde y sus más cercanos colaboradores no se presentaron a sus oficinas y también suspendió su “conferencia mañanera”, porque sabía de antemano que los campesinos llegarían a exigirle respuestas a sus promesas incumplidas.
Las puertas del Palacio fueron cerradas. Dentro y fuera fue resguardada por los municipales equipados con escudos antimotines; mientras que los elementos de la Guardia Nacional se ubicaron en las aceras frente al Parque Central.

Contrario a lo que Gurría y compañía pensaban, los ejidatarios llegaron pacíficamente y sin armas; se plantaron en la explanada, desplegaron pancartas en la que mencionaban sus demandas y convocaron a una improvisada rueda de prensa en ese mismo lugar.
Varias autoridades ejidales detallaron que su protesta era en paz y que habían llegado a pedir a las autoridades justicia por toda la inseguridad que han vivido en el último año y un freno a la impunidad.
Mencionaron también que el Alcalde se ha olvidado de ellos y de sus compromisos de campaña, como la rehabilitación de sus caminos y otras obras sociales.
Poco después aceptaron participar en una mesa de trabajo en el interior de la alcaldía y para ello nombraron a una comisión.
El resto se quedó ahí, bajo el intenso sol, en espera de que en el interior se diera el diálogo. Sin embargo, repentinamente decenas de policías municipales se fueron sobre ellos, los empezaron a agredir a golpes y le dispararon gases lacrimógenos.
Entonces vino el caos. Los comercios cerraron sus cortinas, los empleados y las personas que en esos momentos transitaban por el lugar, corrían despavoridos, les tapaban la cara a sus hijos por los gases y huyeron por todas partes.
Adentro del edificio, la comisión de los campesinos discutía los puntos con las autoridades y no se imaginaban que afuera sus compañeros eran brutalmente agredidos.
Incluso algunos, como lo presentó en su edición digital rotativo EL ORBE, fueron arrastrados de los cabellos dentro de la Presidencia Municipal, los patearon, y uno de ellos que suplicaba de rodillas que ya no lo golpearan, lo sometieron entre ocho policías.
Por la tarde se decía que más de cien personas habían resultado lesionadas y unos cuarenta y cinco detenidos, incluyendo a mujeres y hasta activistas sociales que fueron cargadas como costal de papas, esposadas y remitidas como las peores delincuentes del mundo, sin haber hecho algo.
Los campesinos huían por todos lados y los policías iban tras ellos. Muchos fueron alcanzados, detenidos y hasta ahora no se sabe hacia dónde fueron llevados, porque fueron reportados como desaparecidos.
Las unidades del servicio público y los vehículos particulares también fueron retiradas de las calles de la ciudad, pero pasaron al menos dos horas para que algún carro pasara por ahí, ante el temor generalizado que se desató.
Incoherentemente, Oscar Gurria ordenó la agresión en contra de los indígenas que esperaban en completa tranquilidad (tal y como quedó plasmado como evidencia en los videos) que concluyera la mesa de trabajo que se estaba llevando a cabo en las propias oficinas del Alcalde.
Lo ocurrido este lunes en Tapachula no sólo contradice a la política impulsada por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, en el sentido de no agredir a la sociedad, sobre todo a grupos vulnerables -como los de la región de Pavencul- que nada más estaban pidiendo mayor seguridad y obras comunitarias, además de que Gurría Penagos cumpliera sus compromisos de campaña.
La decisión del Presidente Municipal, avalada por los Regidores y el resto del Ayuntamiento, causó también un severo daño a la economía local, porque se paralizaron las actividades.
Las escenas de la forma cruel en la que los policías agredieron a civiles se difundieron rápidamente por todo el mundo y, con ello, se convirtió en otro factor para que el turismo se aleje aún más de la Frontera Sur.
También quedó documentado la forma en que los uniformados agredieron a todos aquellos que grababan lo acontecido, entre ellos civiles y tres comunicadores que resultaron lesionados, además de la activista y periodista Cinthia Alvarado por el simple hecho de estar cumpliendo con su trabajo.
Esta vez no estuvo nadie de alguna Comisión de los Derechos Humanos para defender a los mexicanos, así como lo hicieron la semana pasada a favor de los indocumentados que entraron violenta e ilegalmente al país y agredieron a los elementos de la Guardia Nacional.
Por la noche, el centro de la ciudad quedó semidesierto. Es más, ni siquiera aparecieron los migrantes que regularmente deambulan por ese sector.
Los ejidatarios convocaron a una asamblea urgente a desarrollarse en la madrugada de este martes, en la que se tomarían los acuerdos para las acciones a seguir.
Nunca antes algún Gobierno Municipal de Tapachula había utilizado a los policías para someter a golpes y a garrotazos a quien se atreviera a pedir una obra o mayor seguridad. Hasta ahora que lo está haciendo la actual administración local que prometió el cambio, pero no dijeron que sería así, aplicando la “Ley del garrote”. EL ORBE/Ildefonso Ochoa Argüello

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Gobierno de Gurría Desaloja con Violencia Policíaca a Indígenas de Pavencul que Exigen Justicia y Obras

*EL ALCALDE NUNCA DIO LA CARA. *REPORTAN 45 DETENIDOS, VARIOS DESAPARECIDOS Y MÁS DE CIEN LESIONADOS. *TRES COMUNICADORES ENTRE ELLOS UNA ACTIVISTA Y PERIODISTA QUE ESPOSARON Y FUE ENVIADA A LA FISCALIA.

Tapachula, Chiapas; 27 de Enero.- El Ayuntamiento que aún preside el alcalde, Oscar Gurría Penagos, ordenó a la Policía Municipal desalojar a golpes y con gases lacrimógenos a cientos de indígenas que se manifestaban pacíficamente en la explanada del parque central de la ciudad.
Con ello, Tapachula vivió este lunes un día de pánico y de crisis de ingobernabilidad, donde más de 300 establecimientos comerciales tuvieron que paralizar sus actividades, cerrar sus cortinas y aguantar su inconformidad, luego de que sus representantes camerales se han convertido en aplaudidores del mandatario local, pase lo que pase a sus agremiados.
De manera respetuosa y apegados al estado de derecho, los habitantes de esa región, conformada por 32 comunidades y en donde viven miles de personas, han denunciado reiteradamente los altos índices de inseguridad que hay en esa parte de la zona rural de Tapachula.
Por ello, el sábado celebraron una asamblea en la que participó la población de esas comunidades y acordaron que llegarían este lunes a la cabecera municipal a exigir justicia para acabar con la impunidad.
Además, le recordarían a Gurría Penagos todos los ofrecimientos en materia de obra pública que les prometió durante su campaña de proselitismo, cuando encabezó la planilla del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), rumbo a la alcaldía, hace casi dos años, pero nunca regresó.
La intención era aprovechar que el Alcalde estaría en sus oficinas para realizar su conferencia de prensa de cada lunes.
Por ello, infinidad de carros particulares y del servicio público realizaron una larguísima caravana que partió alrededor de las cinco de la mañana de aquella región cafetalera, hasta llegar cuatro horas después a la cabecera municipal.
Estacionaron sus vehículos en las calles periféricas a la Presidencia Municipal y con eso quedó bloqueada la circulación vial del primer cuadro de la ciudad.
Momentos antes, las autoridades habían ordenado el desalojo del personal de la alcaldía, de la Unidad Administrativa y de la Fiscalía de Distrito, suspender todas las actividades, y reforzar la seguridad de esas instalaciones con cientos de elementos de diversas corporaciones, hasta con la Guardia Nacional.
En realidad, el Alcalde y sus más cercanos colaboradores no se presentaron a sus oficinas y también suspendió su “conferencia mañanera”, porque sabía de antemano que los campesinos llegarían a exigirle respuestas a sus promesas incumplidas.
Las puertas del Palacio fueron cerradas. Dentro y fuera fue resguardada por los municipales equipados con escudos antimotines; mientras que los elementos de la Guardia Nacional se ubicaron en las aceras frente al Parque Central.

Contrario a lo que Gurría y compañía pensaban, los ejidatarios llegaron pacíficamente y sin armas; se plantaron en la explanada, desplegaron pancartas en la que mencionaban sus demandas y convocaron a una improvisada rueda de prensa en ese mismo lugar.
Varias autoridades ejidales detallaron que su protesta era en paz y que habían llegado a pedir a las autoridades justicia por toda la inseguridad que han vivido en el último año y un freno a la impunidad.
Mencionaron también que el Alcalde se ha olvidado de ellos y de sus compromisos de campaña, como la rehabilitación de sus caminos y otras obras sociales.
Poco después aceptaron participar en una mesa de trabajo en el interior de la alcaldía y para ello nombraron a una comisión.
El resto se quedó ahí, bajo el intenso sol, en espera de que en el interior se diera el diálogo. Sin embargo, repentinamente decenas de policías municipales se fueron sobre ellos, los empezaron a agredir a golpes y le dispararon gases lacrimógenos.
Entonces vino el caos. Los comercios cerraron sus cortinas, los empleados y las personas que en esos momentos transitaban por el lugar, corrían despavoridos, les tapaban la cara a sus hijos por los gases y huyeron por todas partes.
Adentro del edificio, la comisión de los campesinos discutía los puntos con las autoridades y no se imaginaban que afuera sus compañeros eran brutalmente agredidos.
Incluso algunos, como lo presentó en su edición digital rotativo EL ORBE, fueron arrastrados de los cabellos dentro de la Presidencia Municipal, los patearon, y uno de ellos que suplicaba de rodillas que ya no lo golpearan, lo sometieron entre ocho policías.
Por la tarde se decía que más de cien personas habían resultado lesionadas y unos cuarenta y cinco detenidos, incluyendo a mujeres y hasta activistas sociales que fueron cargadas como costal de papas, esposadas y remitidas como las peores delincuentes del mundo, sin haber hecho algo.
Los campesinos huían por todos lados y los policías iban tras ellos. Muchos fueron alcanzados, detenidos y hasta ahora no se sabe hacia dónde fueron llevados, porque fueron reportados como desaparecidos.
Las unidades del servicio público y los vehículos particulares también fueron retiradas de las calles de la ciudad, pero pasaron al menos dos horas para que algún carro pasara por ahí, ante el temor generalizado que se desató.
Incoherentemente, Oscar Gurria ordenó la agresión en contra de los indígenas que esperaban en completa tranquilidad (tal y como quedó plasmado como evidencia en los videos) que concluyera la mesa de trabajo que se estaba llevando a cabo en las propias oficinas del Alcalde.
Lo ocurrido este lunes en Tapachula no sólo contradice a la política impulsada por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, en el sentido de no agredir a la sociedad, sobre todo a grupos vulnerables -como los de la región de Pavencul- que nada más estaban pidiendo mayor seguridad y obras comunitarias, además de que Gurría Penagos cumpliera sus compromisos de campaña.
La decisión del Presidente Municipal, avalada por los Regidores y el resto del Ayuntamiento, causó también un severo daño a la economía local, porque se paralizaron las actividades.
Las escenas de la forma cruel en la que los policías agredieron a civiles se difundieron rápidamente por todo el mundo y, con ello, se convirtió en otro factor para que el turismo se aleje aún más de la Frontera Sur.
También quedó documentado la forma en que los uniformados agredieron a todos aquellos que grababan lo acontecido, entre ellos civiles y tres comunicadores que resultaron lesionados, además de la activista y periodista Cinthia Alvarado por el simple hecho de estar cumpliendo con su trabajo.
Esta vez no estuvo nadie de alguna Comisión de los Derechos Humanos para defender a los mexicanos, así como lo hicieron la semana pasada a favor de los indocumentados que entraron violenta e ilegalmente al país y agredieron a los elementos de la Guardia Nacional.
Por la noche, el centro de la ciudad quedó semidesierto. Es más, ni siquiera aparecieron los migrantes que regularmente deambulan por ese sector.
Los ejidatarios convocaron a una asamblea urgente a desarrollarse en la madrugada de este martes, en la que se tomarían los acuerdos para las acciones a seguir.
Nunca antes algún Gobierno Municipal de Tapachula había utilizado a los policías para someter a golpes y a garrotazos a quien se atreviera a pedir una obra o mayor seguridad. Hasta ahora que lo está haciendo la actual administración local que prometió el cambio, pero no dijeron que sería así, aplicando la “Ley del garrote”. EL ORBE/Ildefonso Ochoa Argüello

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Tapachula, Chiapas; 27 de Enero.- El Ayuntamiento que aún preside el alcalde, Oscar Gurría Penagos, ordenó a la Policía Municipal desalojar a golpes y con gases lacrimógenos a cientos de indígenas que se manifestaban pacíficamente en la explanada del parque central de la ciudad.
Con ello, Tapachula vivió este lunes un día de pánico y de crisis de ingobernabilidad, donde más de 300 establecimientos comerciales tuvieron que paralizar sus actividades, cerrar sus cortinas y aguantar su inconformidad, luego de que sus representantes camerales se han convertido en aplaudidores del mandatario local, pase lo que pase a sus agremiados.
De manera respetuosa y apegados al estado de derecho, los habitantes de esa región, conformada por 32 comunidades y en donde viven miles de personas, han denunciado reiteradamente los altos índices de inseguridad que hay en esa parte de la zona rural de Tapachula.
Por ello, el sábado celebraron una asamblea en la que participó la población de esas comunidades y acordaron que llegarían este lunes a la cabecera municipal a exigir justicia para acabar con la impunidad.
Además, le recordarían a Gurría Penagos todos los ofrecimientos en materia de obra pública que les prometió durante su campaña de proselitismo, cuando encabezó la planilla del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), rumbo a la alcaldía, hace casi dos años, pero nunca regresó.
La intención era aprovechar que el Alcalde estaría en sus oficinas para realizar su conferencia de prensa de cada lunes.
Por ello, infinidad de carros particulares y del servicio público realizaron una larguísima caravana que partió alrededor de las cinco de la mañana de aquella región cafetalera, hasta llegar cuatro horas después a la cabecera municipal.
Estacionaron sus vehículos en las calles periféricas a la Presidencia Municipal y con eso quedó bloqueada la circulación vial del primer cuadro de la ciudad.
Momentos antes, las autoridades habían ordenado el desalojo del personal de la alcaldía, de la Unidad Administrativa y de la Fiscalía de Distrito, suspender todas las actividades, y reforzar la seguridad de esas instalaciones con cientos de elementos de diversas corporaciones, hasta con la Guardia Nacional.
En realidad, el Alcalde y sus más cercanos colaboradores no se presentaron a sus oficinas y también suspendió su “conferencia mañanera”, porque sabía de antemano que los campesinos llegarían a exigirle respuestas a sus promesas incumplidas.
Las puertas del Palacio fueron cerradas. Dentro y fuera fue resguardada por los municipales equipados con escudos antimotines; mientras que los elementos de la Guardia Nacional se ubicaron en las aceras frente al Parque Central.

Contrario a lo que Gurría y compañía pensaban, los ejidatarios llegaron pacíficamente y sin armas; se plantaron en la explanada, desplegaron pancartas en la que mencionaban sus demandas y convocaron a una improvisada rueda de prensa en ese mismo lugar.
Varias autoridades ejidales detallaron que su protesta era en paz y que habían llegado a pedir a las autoridades justicia por toda la inseguridad que han vivido en el último año y un freno a la impunidad.
Mencionaron también que el Alcalde se ha olvidado de ellos y de sus compromisos de campaña, como la rehabilitación de sus caminos y otras obras sociales.
Poco después aceptaron participar en una mesa de trabajo en el interior de la alcaldía y para ello nombraron a una comisión.
El resto se quedó ahí, bajo el intenso sol, en espera de que en el interior se diera el diálogo. Sin embargo, repentinamente decenas de policías municipales se fueron sobre ellos, los empezaron a agredir a golpes y le dispararon gases lacrimógenos.
Entonces vino el caos. Los comercios cerraron sus cortinas, los empleados y las personas que en esos momentos transitaban por el lugar, corrían despavoridos, les tapaban la cara a sus hijos por los gases y huyeron por todas partes.
Adentro del edificio, la comisión de los campesinos discutía los puntos con las autoridades y no se imaginaban que afuera sus compañeros eran brutalmente agredidos.
Incluso algunos, como lo presentó en su edición digital rotativo EL ORBE, fueron arrastrados de los cabellos dentro de la Presidencia Municipal, los patearon, y uno de ellos que suplicaba de rodillas que ya no lo golpearan, lo sometieron entre ocho policías.
Por la tarde se decía que más de cien personas habían resultado lesionadas y unos cuarenta y cinco detenidos, incluyendo a mujeres y hasta activistas sociales que fueron cargadas como costal de papas, esposadas y remitidas como las peores delincuentes del mundo, sin haber hecho algo.
Los campesinos huían por todos lados y los policías iban tras ellos. Muchos fueron alcanzados, detenidos y hasta ahora no se sabe hacia dónde fueron llevados, porque fueron reportados como desaparecidos.
Las unidades del servicio público y los vehículos particulares también fueron retiradas de las calles de la ciudad, pero pasaron al menos dos horas para que algún carro pasara por ahí, ante el temor generalizado que se desató.
Incoherentemente, Oscar Gurria ordenó la agresión en contra de los indígenas que esperaban en completa tranquilidad (tal y como quedó plasmado como evidencia en los videos) que concluyera la mesa de trabajo que se estaba llevando a cabo en las propias oficinas del Alcalde.
Lo ocurrido este lunes en Tapachula no sólo contradice a la política impulsada por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, en el sentido de no agredir a la sociedad, sobre todo a grupos vulnerables -como los de la región de Pavencul- que nada más estaban pidiendo mayor seguridad y obras comunitarias, además de que Gurría Penagos cumpliera sus compromisos de campaña.
La decisión del Presidente Municipal, avalada por los Regidores y el resto del Ayuntamiento, causó también un severo daño a la economía local, porque se paralizaron las actividades.
Las escenas de la forma cruel en la que los policías agredieron a civiles se difundieron rápidamente por todo el mundo y, con ello, se convirtió en otro factor para que el turismo se aleje aún más de la Frontera Sur.
También quedó documentado la forma en que los uniformados agredieron a todos aquellos que grababan lo acontecido, entre ellos civiles y tres comunicadores que resultaron lesionados, además de la activista y periodista Cinthia Alvarado por el simple hecho de estar cumpliendo con su trabajo.
Esta vez no estuvo nadie de alguna Comisión de los Derechos Humanos para defender a los mexicanos, así como lo hicieron la semana pasada a favor de los indocumentados que entraron violenta e ilegalmente al país y agredieron a los elementos de la Guardia Nacional.
Por la noche, el centro de la ciudad quedó semidesierto. Es más, ni siquiera aparecieron los migrantes que regularmente deambulan por ese sector.
Los ejidatarios convocaron a una asamblea urgente a desarrollarse en la madrugada de este martes, en la que se tomarían los acuerdos para las acciones a seguir.
Nunca antes algún Gobierno Municipal de Tapachula había utilizado a los policías para someter a golpes y a garrotazos a quien se atreviera a pedir una obra o mayor seguridad. Hasta ahora que lo está haciendo la actual administración local que prometió el cambio, pero no dijeron que sería así, aplicando la “Ley del garrote”. EL ORBE/Ildefonso Ochoa Argüello

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