FOTO::: HECTOR BONILLA
Poco antes de morir, Héctor Bonilla tuvo la oportunidad de ver a su nieto Demetrio Bonilla, de entonces 16 años, sobre el escenario y con una obra «rara», sobre la que el propio joven tenía miedo de que no convenciera a su abuelo. La puesta en escena era el monólogo «Piensos del lóbulo frontal derecho», de cierta manera biográfica del joven actor, abordando la vida de un adolescente con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
«Tocaba una parte de mí y con eso juega la escenografía, enredada, con un caos visual, como se ve por la neurodivergencia. Mi abuelo fue y la vio, y es de las cosas lindas que me llevo de él, que le haya gustado bastante para mi sorpresa, porque sé que es una obra rara», recuerda Demetrio. Ahora, tres años después de eso, el monólogo prepara su reestreno con una temporada de apenas dos semanas en agosto, en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico.
Del 14 al 24 de ese mes se montará la obra, calificada como un biodrama vertiginoso sobre adolescencia, jazz, TDAH y herencias familiares.
La carrera del novel histrión no se ha quedado ahí. En los últimos meses grabó series y una película de corte independiente, de las que pronto se sabrá. Pero, aunque está seguro de su talento, tiene los pies sobre la tierra, haciendo espacio a que todo es también, en parte, producto de un apellido que jamás pensó quitarse en términos artísticos. SUN





