Tapachula, Chiapas; 11 de Enero de 2026.- El cambio climático ya no es una advertencia futura, sino una realidad que golpea de forma directa a los productores locales. En el Vivero Akishino, el aumento de temperaturas y la falta de certeza climática amenazan la producción de especies nativas y maderables esenciales para el equilibrio ambiental de la región.
Manuel Andrés Gálvez Zacarías, responsable del vivero, explica que el calor extremo ha convertido el mantenimiento de las plantas en una tarea diaria de resistencia.
Incluso bajo sombra natural, las altas temperaturas aceleran la evaporación y ponen en riesgo la raíz en cuestión de horas.
Para que una especie ornamental, frutal o maderable esté lista para el trasplante, se requieren entre 60 y 90 días de cuidados continuos, que incluyen mano de obra, vigilancia y riego técnico constante.
Una sola jornada sin agua puede ser suficiente para perder toda la producción.
“La tierra se seca de un día para otro, el clima ya cambió”, señala Gálvez. Esta condición obliga a mantener ciclos de riego sin interrupciones, algo que antes no era necesario con la misma intensidad.
El productor también advierte sobre la pérdida de la predictibilidad climática. Las temporadas ya no responden al calendario tradicional, diciembre presentó lluvias atípicas y el panorama para este 2026 es incierto. “No sabemos si será un año seco o lluvioso, lo único seguro es que debemos estar preparados”, afirma.
Como estrategia de adaptación, el Vivero Akishino ha desarrollado un sistema de resistencia hídrica basado en la captación de agua de lluvia, priorizando este recurso sobre el agua tratada.
Además, fomenta el reciclaje mediante el uso de envases recuperados para almacenar reservas y apuesta por la diversificación de especies como robles, primaveras, mangles y árboles frutales, fortaleciendo la biodiversidad local.
Más allá de la venta, el vivero cumple una función de preservación ante el saqueo de ecosistemas como manglares y bosques vírgenes.
Para Gálvez Zacarías, la conservación es una responsabilidad compartida, sin una gestión inteligente del agua y un cuidado constante, especies emblemáticas que hoy embellecen la Ciudad podrían desaparecer del paisaje urbano. EL ORBE/Nelson Bautista





