*Fue un Símbolo Generacional en Tapachula.
Tapachula, Chiapas; 15 de Enero del 2026.- Durante más de medio siglo, un imponente árbol de hule fue testigo silencioso del crecimiento urbano de Tapachula y un referente inconfundible para generaciones de automovilistas y vecinos de la Central Oriente, a la altura de la 36ª Zona Militar.
Hoy, ese símbolo natural enfrenta su final, luego de ser severamente dañado por un incendio que encendió las alertas de Protección Civil y movilizó a los cuerpos de emergencia durante varias horas.
Al operativo se sumaron policías municipales y paramédicos del Club de Auxilio y Rescate de Chiapas (CARCH), sin que se reportaran personas lesionadas.
Desde los primeros minutos del siniestro, surgieron versiones encontradas sobre el origen del fuego. Vecinos señalaron que el árbol no se encontraba seco, lo que avivó sospechas de que el incendio pudo haber sido provocado, mientras otros apuntaron a un posible cortocircuito. La rápida propagación de las llamas incrementó el temor en la zona.
Tras una evaluación técnica realizada este jueves, especialistas de Protección Civil confirmaron que el árbol, de aproximadamente 35 metros de altura y con más del 50 por ciento de su estructura calcinada, representa un riesgo inminente para la población. Aún se detectaba humo saliendo desde la raíz y fuego activo en algunas ramas, por lo que se determinó que deberá ser derribado de manera controlada.
La historia del árbol está marcada también por la tragedia. A lo largo de los años, estuvo involucrado en al menos tres accidentes mortales, entre ellos la caída de una rama sobre una empresaria restaurantera, el impacto fatal de un motociclista y la muerte de un taxista tras el desprendimiento de parte del ejemplar.
Autoridades destacaron que la intervención oportuna de Protección Civil fue clave para evitar consecuencias mayores, y reiteraron que la prioridad es salvaguardar la integridad de la ciudadanía, aun cuando ello implique despedirse de uno de los árboles más emblemáticos de la ciudad. EL ORBE/ Ernesto L. Quinteros





