ALFIL NEGRO

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El Huevito
Oscar D. Ballinas Lezama

Raciel López Salazar, fiscal general en Chiapas, manifestó que ‘el reto del nuevo sistema de justicia penal, es acabar con la impunidad, añadiendo que para ello el compromiso de los agentes del ministerio público, peritos y policías, debe ser el trabajar para recuperar y mantener la confianza ciudadana.
“El reto es acabar con vicios y malos hábitos que generan impunidad y aumentan la desconfianza ciudadanas en las instituciones; por eso seguimos trabajando en dotar a los profesionales de las herramientas necesarias para que las investigaciones nos lleven al esclarecimiento de los delitos”, abundó.
Terminaría diciendo: “hoy más que nunca se deben redoblar esfuerzos para atender los temas prioritarios, como la prevención y el combate de la violencia de género; así garantizar a periodistas y ciudadanos el acceso a una verdadera libertad de expresión”.
Es bueno que la Fiscalía chiapaneca esté ‘apretando tuercas’ a su personal, por aquello de que ‘el buen juez por su casa empieza’; para poder combatir la delincuencia y la impunidad ya era necesario empezar a enderezar el actuar de una gran cantidad de agentes del ministerio público, peritos y policías que no dan una en las investigaciones o en la prevención de los delitos, ya que para nadie es secreto que hasta ahora, el crimen organizado parece ir cinco pasos delante de los representantes de la ley y el orden.
Nos queda claro que, tanto el Gobernador como el Fiscal General, han puesto su mejor voluntad de apuntalar con todo lo necesario a quienes tienen bajo su encargo atajar la delincuencia en esta entidad, sobre todo en la zona costa de la frontera con Guatemala en cuyos municipios, de seguir así las cosas, no tardan en encenderse ‘focos rojos’ en el ámbito de la inseguridad.
En otros temas, en la Ciudad de México el escándalo envuelve nuevamente al Gobierno Federal, ahora les tocó a la Secretaría de Gobernación, al CISEN y la Procuraduría General de Justicia, meterse en el ‘ojo del huracán’; luego de que un periódico norteamericano exhibió con ‘pelos y señales’ el espionaje que el Gobierno de Enrique Peña, presuntamente ha venido haciendo en contra de periodistas y algunos políticos de la oposición al partido que gobierna.
El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, quien ayer salió a dar la cara ante la prensa nacional, juró y perjuró que la denuncia del matutino gringo carece de fundamentos, ya que el Gobierno Federal nada tiene que ver con el espionaje a los comunicadores sociales de éste país. Aunque no pudo quitarse la sospecha de que ‘cuando el río suena, piedras lleva’.
Algunos Senadores y Diputados pusieron ‘el grito en el cielo’, y en medio del circo acostumbrado que gustan de organizar en estos casos, exigieron que comparezcan ante el Congreso de la Unión, tanto el titular de Gobernación como los del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, así como el Procurador General de Justicia.
En otras cosas, Luis Videgaray, secretario de Relaciones Exteriores de nuestro país, presidió la Asamblea General de la OEA, donde habló de los derechos humanos en el sistema de gobierno interamericano; pese a las críticas de su homóloga de Venezuela, quien insistió que el funcionario mexicano no debe seguir viendo la paja en el ojo ajeno, mientras tenga enormes vigas en el suyo; insistiendo que aclarara primero el caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.
En Tapachula, algunos escritores están preocupados por la suerte que pudieron correr los 15 millones de pesos que hace unos cinco meses anunció con bombos y platillos el senador Zoé Robledo, jurando que los había gestionado para rehabilitar el antiguo Palacio Municipal, que por acuerdo de Cabildos fue cedido para que lo ocupara la Casa de la Cultura.
El asunto es que, el edificio considerado un ícono de Tapachula parece seguir abandonado a su suerte; el personal, así como los alumnos que acuden a aprender las bellas artes, en el ahora llamado Instituto Municipal de la Cultura, siguen sufriendo por la falta de un espacio digno y amplio para desarrollar sus actividades, lo hacen en un pequeño inmueble amontonados con los de Coneculta, que ocupan el mismo lugar al que han bautizado como ‘el huevito’.