ALFIL NEGRO

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Por Oscar D. Ballinas Lezama

“Tapachula, convertida en el epicentro del coronavirus en Chiapas”

El caldero del diablo
Mientras el Presidente de la República anunció en su mañanera de ayer, que la próxima semana podría darse el desconfinamiento y el regreso a clases, el Subsecretario de Salud Pública, Hugo López Gatell, explicó que de regresar a la normalidad podría haber un rebote de la pandemia.
Ante un panorama nacional nada halagüeño, las autoridades federales se hacen bolas y demuestran que no tienen conocimiento completo de la actuación del coronavirus, hacen predicciones de acuerdo a los informes o datos que tienen y aseguran que ‘ya vamos de salida’, cuando en la misma Ciudad de México el número de contagiados aumenta cada día, al igual que las defunciones y la crisis económica.
Como un botón de muestra en Chiapas, el secretario de Salud Estatal, José Manuel Cruz Castellanos, informó que los casos de Covid -19 van en aumento y hasta ayer lunes, el número de contagiados era de 1228; mientras los muertos por esta pandemia rebasaban los 94, aunque existen 3707 enfermos sospechosos de tener el virus letal.
Algo que llama poderosamente la atención de las autoridades de salud, es que el domingo pasado Tapachula ya se colocó al frente de los municipios con más casos de coronavirus, dejando a Tuxtla Gutiérrez en segundo lugar, con 14 infectados; Comitán con 8 y San Cristóbal de las Casas con 6, otros municipios solo aportaron un infectado y destacan en la costa: Huixtla, Tonalá y Arriaga.
Ante la tozudez de algunas personas y la necesidad de otras para estar en la calle, la expansión del coronavirus en el Soconusco ha convertido el municipio tapachulteco en el ‘caldero del diablo’; mucha gente sigue creyendo que el virus no existe, mientras otras argumentan que tienen que salir a desafiarlo porque de lo contrario morían de hambre, al igual que sus familias.
Para nadie es secreto que un gran número de los ‘mensajeros de la muerte’, son extranjeros indocumentados de las comunidades negra y centroamericana, quienes deambulan en las calles o permanecen en grupos que se sientan en las banquetas sin respetan las medidas de prevención, como la sana distancia y la utilización del cubreboca.
Por otro lado, hay muchos indocumentados que, por la falta de fuentes de trabajo se han dedicado a delinquir o prostituirse en las calles más céntricas de Tapachula, creando un enorme foco de infección de enfermedades venéreas y coronavirus, sin que ninguna autoridad los meta en cintura o les ayude a sobrevivir con un poco de dignidad. Si la federación fue buena para dejarlos entrar, ahora debería de mantenerlos y dejar de hacerse de la vista gorda.
Aunado a estas pandemias y la época de lluvias en esta frontera del sur de México, sus habitantes tienen que luchar contra el Dengue, Zika y Chikungunya, por lo que la gente de esta región ya no sabe a qué santo encomendarse para librarse de estas plagas; el secretario de Salud Municipal, Eduardo Medina Olivera, explicó que el Dengue es una enfermedad que se encuentra en la región y cuyos síntomas son similares a las del Covid-19.
El caso es, que en Tapachula mucha gente está cayendo como moscas al ser contagiados por el coronavirus; de ahí la propuesta, para que las autoridades de los tres niveles de gobierno se coordinen y establezcan un cerco sanitario más severo, sin dejar de atender el problema económico que origina el confinamiento de la gente que va al día en la búsqueda de sus alimentos.
No se puede mantener encerradas a las personas, cuando no tienen un salario fijo y dependen del trabajo o venta que realicen a diario en la calle para poder sobrevivir, pagar los altos recibos de la luz y el gas; es buena la decisión de la alcaldesa Rosy Urbina Castañeda, en ordenar a Coapatap que se cobre la mitad del costo del servicio de agua, tomando en consideración a los que pagan de 160 pesos para abajo; habrá que analizar este punto, porque existen muchos usuarios de colonias paupérrimas que indebidamente se les cobra hasta 500 pesos mensual y no podrán ser ayudados.
Se considera que en estos tiempos de la pandemia los recursos para obras públicas y los impuestos, que no dejan de cobrarse a la ciudadanía, presuntamente no se están aplicando en obras y programas sociales, por lo que podrían ser utilizados para adquirir despensas semanales y entregarlas a los que menos tienen, incluyendo el gran número de ciudadanos que se quedaron sin trabajo o que no pueden abrir sus pequeños negocios, debido a la pandemia. Es dinero de los contribuyentes, y en estos tiempos de catástrofe puede servir para ayudar a la gente que lo necesita. ’Solo el pueblo puede salvar al pueblo’. ¿No es así? ¿Alguien sabe en dónde estarán los Diputados y Senadores, para ayudar a sus representados?