martes, febrero 10, 2026
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EL QUINTO PODER DE MEXICO

Sarampión: la Prevención No Puede Quedarse en el Discurso
Ernesto L. Quinteros

El sarampión ha vuelto a colocarse en el centro de la conversación pública, y no es para menos. Se trata de una enfermedad altamente contagiosa, prevenible y, aun así, persistente en un país que cuenta con esquemas de vacunación gratuitos y una red institucional diseñada para evitar justamente este tipo de alertas.
La situación actual en la región del Soconusco, donde las escuelas han reforzado filtros sanitarios ante la alerta nacional, obliga no solo a reconocer el esfuerzo preventivo, sino también a cuestionar qué nos llevó nuevamente a este punto.
Las cifras recientes a nivel nacional son preocupantes. Según los informes oficiales más recientes, México acumula más de 8,400 casos confirmados de sarampión desde que inició el brote en 2025, con más de 2,000 contagios en lo que va de 2026, y 27 defunciones asociadas al virus, siendo la infancia la más afectada.
Las autoridades educativas y sanitarias han reaccionado con medidas correctas: sanitización de planteles, filtros en accesos, capacitación a directivos, brigadas de vacunación y llamados a padres de familia. Todo ello es necesario, incluso indispensable.
Sin embargo, el problema de fondo no se resuelve únicamente con gel antibacterial, cloro y comunicados oficiales. El sarampión no reaparece por generación espontánea; reaparece cuando fallan la cobertura, la vigilancia y, sobre todo, la conciencia colectiva.
Durante años se asumió que el sarampión era un tema superado. Esa falsa sensación de seguridad abrió la puerta a la relajación de esquemas de vacunación, a la desinformación y a la normalización de la omisión. Hoy vemos las consecuencias. La llegada de más de cinco mil dosis a la región es una buena noticia, pero también un recordatorio incómodo: si hay que reforzar, es porque antes no se reforzó lo suficiente.
En este escenario, la escuela se convierte en la primera línea de contención, aunque no debería cargar sola con esa responsabilidad. El aula refleja lo que ocurre fuera de ella: hogares donde no se completan esquemas de vacunación, comunidades donde el acceso a la información es limitado y una sociedad que, en ocasiones, solo reacciona cuando el riesgo ya es inminente. Pedir a los padres que no envíen a sus hijos enfermos a clases es sensato, pero también revela una realidad más cruda: muchas familias siguen enfrentando la disyuntiva entre la salud y la necesidad económica.
Es importante reconocer que hasta ahora no se han confirmado contagios dentro de los centros escolares de Tapachula. Esa contención temprana merece respaldo. No obstante, mantener la alerta solo como una medida temporal sería un error. La prevención debe ser permanente, estructural y acompañada de campañas claras, constantes y accesibles, especialmente en ejidos y zonas rurales, donde el riesgo suele ser mayor y la atención llega más tarde.
También es momento de hablar con franqueza sobre la corresponsabilidad social. La salud pública no se protege únicamente desde un escritorio o una sala de juntas; se protege con decisiones cotidianas: vacunarse, no minimizar síntomas, evitar la automedicación y no difundir información falsa. El sarampión no distingue entre zonas urbanas o rurales, ni entre ideologías o niveles socioeconómicos.
Los datos nacionales son un espejo de lo que ocurre en cada comunidad: cuando existen miles de casos confirmados, como los que México reporta ya en prácticamente todos los estados de la república, significa que las fallas en vacunación y seguimiento epidemiológico pueden afectar a cualquier escuela, cualquier salón, cualquier familia.
La alerta actual debe servir como un punto de inflexión. No para generar pánico, sino para recuperar la memoria sanitaria y reforzar la cultura de la prevención. Si algo nos ha enseñado la experiencia reciente es que reaccionar tarde siempre resulta más costoso que prevenir a tiempo.
Hoy las escuelas hacen lo que les corresponde. Ahora toca que el resto de la sociedad haga lo propio. Porque cuando se trata de salud colectiva, la omisión también contagia.
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana.
¡Ánimo!
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