Futbol Mexicano Pese a las Sanciones, “los Violentos de Carne y Hueso ahí Están”

154

Beatriz Pereyra

Pese a los hechos violentos del sábado 5, cuando integrantes de las porras “La Resistencia Albiazul”, de los Gallos Blancos de Querétaro, y “La Barra 51”, del Atlas, se enfrentaron en una batalla campal en el estadio La Corregidora, los dueños de los clubes del futbol mexicano decidieron no desaparecer los grupos de animación violentos -también conocidos como barras- que ya están infiltrados por el crimen organizado.
Sin embargo, de haber tomado dicha decisión tampoco podrían llevarla a cabo, pues carecen de poder y fuerza necesarios para eliminar de las gradas a estas personas que, si bien son “parásitos” de los equipos, también han encontrado nuevas fuentes de financiamiento para sobrevivir.
Esta reflexión la hace el doctor Hugo Sánchez Gudiño, investigador y profesor de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la UNAM, quien desde hace más de dos décadas ha estudiado a los grupos de choque y porras en México.
“No es posible, no se pueden borrar de un plumazo porque son grupos de animación inherentes a esta industria. Son un símbolo de los equipos, tienen una conexión con distintos sectores de la afición que se mueven en función del liderazgo que tiene la barra. Claro, cuando hay hechos violentos, todo el mundo los condena; pero la barra es parte del engranaje de la maquinaria (del futbol). Si dada la gravedad de lo ocurrido los directivos hubieran decidido desaparecerlas, los violentos de carne y hueso ahí están y se organizarían de otra manera para seguir teniendo presencia en los estadios”, advierte el académico.
Le dio la vuelta al mundo el brutal enfrentamiento, que comenzó en las gradas y continuó en el campo hacia donde las familias y aficionados huyeron para evitar ser golpeados sólo por usar una camiseta del Atlas. Si bien la violencia en el futbol no es nueva en México, lo que se vivió en Querétaro jamás se había visto.
En la televisión y en las redes sociales circularon imágenes de personas huyendo despavoridas y otras que eran golpeadas salvajemente pese a yacer inconscientes en pasillos, gradas y hasta en la fosa que impide que los aficionados brinquen a la cancha. Integrantes de La Barra 51 quedaron tendidos en el suelo, desnudos y ensangrentados; 26 personas fueron hospitalizadas por lesiones graves, una perdió un ojo y otra continúa en terapia intensiva.
El presidente de la Liga MX, Mikel Arriola, anunció como medida inmediata la prohibición indefinida de las porras visitantes en los estadios. Tres días después del evento violento, ya acompañado de Yon de Luisa, presidente de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), ambos dieron a conocer las “sanciones y medidas históricas” para evitar que este tipo de actos se repita en los estadios del futbol mexicano.
El club Gallos Blancos de Querétaro, varonil y femenil, así como sus fuerzas básicas, jugarán a puerta cerrada durante un año, en su estadio o en cualquier sede, y su grupo de animación no podrá entrar al estadio local durante tres años. El equipo fue multado con 1.5 millones de Pesos por ser el máximo responsable de no haber garantizado la seguridad de los asistentes.
Asimismo, se ratificó que los clubes no podrán dar ningún tipo de apoyo a sus porras, y el que sea sorprendido tendrá como sanción en automático veto de la plaza en su siguiente partido como local y una multa de 3 mil UMAS. En caso de reincidencia la sanción podrá incrementarse.
La Marca del Crimen Organizado.
De acuerdo con lo declarado el domingo 6 por Gabriel Solares, presidente de los Gallos Blancos, y Adolfo Ríos, su gerente deportivo, el equipo no le regala boletos a los 3 mil 500 integrantes de La Resistencia Albiazul, quienes, según ellos, compran sus gallo-abonos como cualquier otro aficionado.
-¿Esto significa que, aunque se corte la fuente de financiamiento por parte de los equipos, tampoco es posible desaparecer las barras definitivamente? –se le pregunta a Sánchez Gudiño.
–Como cualquier grupo de choque viven en una especie de parasitismo a cambio de dinero para sobrevivir. Si les retiras el dinero lo encontrarán en otra parte, pues siempre habrá alguien interesado en sus servicios: ya sea en el deporte o en la política. Así es en Argentina, Brasil y Colombia.
“Las directivas les dan dinero a los líderes y ellos, a su vez, organizan al grupo para viajar y apoyar al equipo; los organizan con uniformes, boletos y les dan un lugar en la tribuna; les dan recursos y espacios para vender ropa, souvenirs, bebidas alcohólicas. Con ese financiamiento la barra se mueve libremente con un respaldo institucional.
“Si teniendo ese financiamiento hay enfrentamientos entre la barra y el director técnico, los jugadores y los directivos, no quiero imaginar si les cierran la llave. La confrontación va a ser directa con sus antiguos padrinos. Eso no acabará con un grupo violento.
-¿El que hayan dejado a las personas desnudas tiene que ver con estos simbolismos del crimen organizado, que algunos sicarios, cuando atacan a sus rivales, los exhiben desnudos como una forma de humillación?
–Sí, está en el mapa de los cárteles. Cada cártel le imprime un sello identitario o le da un símbolo a su actuar; entonces, si dejan una cabeza, si degüellan a alguien es, no sé, el Cártel de Sinaloa o el de Juárez. Si pozolean a una persona es el cártel de los Arellano Félix o si queman a alguien vivo o si le cortan un miembro…
En unos videos difundidos en redes sociales aparece Jonathan, El Reno, líder de La Barra 51 del Atlas, con un grupo de personas a las afueras del estadio Jalisco, donde los atlistas colocaron veladoras y se reunieron en apoyo a sus compañeros heridos en el estadio La Corregidora.
El Reno, quien en diciembre pasado amenazó con boicotear el partido Atlas vs. Pumas en el Jalisco, porque la directiva que encabeza Alejandro Irarragorri no les dio boletos, se ufanó de su poder de movilización si tras los hechos del sábado 5 la FMF no desafilia al Querétaro. “Si la federación mexicana lo deja, agárrate porque a toda esta gente la van a conocer”, amenazó.
Luego dijo la manera como operan las barras: “El código número uno es, cuando está en el piso no se patea, no se toca. Punto número dos, no familia. Y esos códigos son del 13-12 (sic), ahí sí no les puedo decir qué es el 13-12 (…) Y los que entramos en este mundo también estamos en ese arriesgue (sic)”.
Ante el grupo de personas que lo rodeaba, presumió que, quienes están en ese ambiente, les “encantan” los golpes “porque eso es lo que arriesgamos, pero no así”, dijo en referencia a los hechos en Querétaro. Apro