sábado, noviembre 26, 2022
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¿Quién da voz a América Latina en la ONU?

José Meléndez, corresponsal

Con la democracia bajo amenaza, la pobreza con cifras al alza, el narcotráfico en aumento, la migración irregular en avalancha y la factura en derechos humanos en rojo, la agenda de urgencias de América Latina y el Caribe quedará relegada a los últimos puestos del debate de asuntos preferenciales de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que empezará hoy en Nueva York.
La guerra que Rusia desató contra Ucrania hace casi siete meses acaparará la atención global en la ONU y robará las luces a una región que, como la latinoamericana y caribeña, está golpeada por la ausencia de liderazgos, la creciente ingobernabilidad y los añejos fantasmas de ser «repúblicas bananeras» sin rumbo signadas por los abusos políticos y el caos institucional.
«América Latina no figura en la agenda prioritaria de la Asamblea General (…) ni del Consejo de Seguridad, tampoco en la del gobierno de Estados Unidos, una potencia con intereses geopolíticos declarados en el hemisferio», afirmó el economista Edgar Gutiérrez, excanciller de Guatemala, consultor internacional y analista y estratega político y de seguridad.
«Eso obedece a dos razones: no poseemos un peso estratégico en las disputas de las grandes potencias en el nuevo orden multipolar que se comienza a dibujar, y, por otro lado, no estamos en llamas. Por lo general los grandes foros se ocupan de las emergencias de manera reactiva, nunca preventivamente», dijo Gutiérrez a EL UNIVERSAL.
«¿Hay motivos para estar en esa agenda global? Hay uno apremiante y es el desmantelamiento de las democracias en Centroamérica, los riesgos de que se mine uno de los pilares básicos de la democracia en Brasil, como ya sucedió en EU: no aceptar la voluntad popular manifestada en las urnas», agregó, en alusión a que el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, rechace los resultados electorales del mes próximo en ese país.
«América Latina y el Caribe asisten a estos foros fragmentados y sin propuestas, sea en el campo de la democracia, el cambio climático, la integración regional o el combate al hambre, la pobreza y la desigualdad, que se han agudizado» en la pandemia del coronavirus, recalcó.
Al advertir que Haití, que en 2022 se hundió más en un acelerado caos institucional y una violencia callejera indiscriminada, «sí estará en las preocupaciones» de la ONU, Gutiérrez lamentó que eso ocurrirá «cuando la situación ya está fuera de control».
Para el abogado, diplomático y consultor internacional Jaime Aparicio, exembajador de Bolivia en la Organización de Estados Americanos (OEA), el debate en la ONU será dominado por la guerra en Ucrania y su impacto en asuntos ambientales, energéticos e inflación.
El analista, periodista y escritor hondureño Manuel Torres coincidió en que «la tendencia» es la división y el choque y la tribuna de la ONU «será, como siempre, un reflejo de esa crisis».
«Lo que se puede prever, lamentablemente, serán discursos repetitivos, retóricos, ideologizados y carentes de propuestas o decisiones sólidas en materia de democracia, desarrollo, libertad, paz y seguridad. De nuevo, como suele ocurrir, la realidad de nuestros pueblos será rehén de gobernantes que no los representan», indicó Torres a este periódico.
Centroamérica llegará a la ONU en «uno de sus momentos históricos de mayor desintegración e incluso regresividad. Más cerca del autoritarismo que de la democracia», señaló.
La ofensiva de los cárteles mexicanos del narcotráfico siguió sin cesar en Centroamérica y Suramérica y agravó la violencia, la inseguridad, la migración irregular, la corrupción y la impunidad.
América Latina y el Caribe deben pedir en la ONU reconstruir «la democracia en Nicaragua, Venezuela y Cuba», aseveró el politólogo, sociólogo y relacionista internacional boliviano Franco Gamboa, profesor de Estudios Latinoamericanos y Política Comparada en la (no estatal) Universidad Marymount, de Virginia, EU.
«Cuba (…) está influyendo poderosamente en mantener las dictaduras en Nicaragua y Venezuela. (…) En un momento pensamos que [en Cuba] las cosas podían mejorar dejando que el sistema pudiera cambiar, pero ahora no es así», declaró Gamboa a El Gran Diario de México. Sun

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José Meléndez, corresponsal

Con la democracia bajo amenaza, la pobreza con cifras al alza, el narcotráfico en aumento, la migración irregular en avalancha y la factura en derechos humanos en rojo, la agenda de urgencias de América Latina y el Caribe quedará relegada a los últimos puestos del debate de asuntos preferenciales de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que empezará hoy en Nueva York.
La guerra que Rusia desató contra Ucrania hace casi siete meses acaparará la atención global en la ONU y robará las luces a una región que, como la latinoamericana y caribeña, está golpeada por la ausencia de liderazgos, la creciente ingobernabilidad y los añejos fantasmas de ser «repúblicas bananeras» sin rumbo signadas por los abusos políticos y el caos institucional.
«América Latina no figura en la agenda prioritaria de la Asamblea General (…) ni del Consejo de Seguridad, tampoco en la del gobierno de Estados Unidos, una potencia con intereses geopolíticos declarados en el hemisferio», afirmó el economista Edgar Gutiérrez, excanciller de Guatemala, consultor internacional y analista y estratega político y de seguridad.
«Eso obedece a dos razones: no poseemos un peso estratégico en las disputas de las grandes potencias en el nuevo orden multipolar que se comienza a dibujar, y, por otro lado, no estamos en llamas. Por lo general los grandes foros se ocupan de las emergencias de manera reactiva, nunca preventivamente», dijo Gutiérrez a EL UNIVERSAL.
«¿Hay motivos para estar en esa agenda global? Hay uno apremiante y es el desmantelamiento de las democracias en Centroamérica, los riesgos de que se mine uno de los pilares básicos de la democracia en Brasil, como ya sucedió en EU: no aceptar la voluntad popular manifestada en las urnas», agregó, en alusión a que el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, rechace los resultados electorales del mes próximo en ese país.
«América Latina y el Caribe asisten a estos foros fragmentados y sin propuestas, sea en el campo de la democracia, el cambio climático, la integración regional o el combate al hambre, la pobreza y la desigualdad, que se han agudizado» en la pandemia del coronavirus, recalcó.
Al advertir que Haití, que en 2022 se hundió más en un acelerado caos institucional y una violencia callejera indiscriminada, «sí estará en las preocupaciones» de la ONU, Gutiérrez lamentó que eso ocurrirá «cuando la situación ya está fuera de control».
Para el abogado, diplomático y consultor internacional Jaime Aparicio, exembajador de Bolivia en la Organización de Estados Americanos (OEA), el debate en la ONU será dominado por la guerra en Ucrania y su impacto en asuntos ambientales, energéticos e inflación.
El analista, periodista y escritor hondureño Manuel Torres coincidió en que «la tendencia» es la división y el choque y la tribuna de la ONU «será, como siempre, un reflejo de esa crisis».
«Lo que se puede prever, lamentablemente, serán discursos repetitivos, retóricos, ideologizados y carentes de propuestas o decisiones sólidas en materia de democracia, desarrollo, libertad, paz y seguridad. De nuevo, como suele ocurrir, la realidad de nuestros pueblos será rehén de gobernantes que no los representan», indicó Torres a este periódico.
Centroamérica llegará a la ONU en «uno de sus momentos históricos de mayor desintegración e incluso regresividad. Más cerca del autoritarismo que de la democracia», señaló.
La ofensiva de los cárteles mexicanos del narcotráfico siguió sin cesar en Centroamérica y Suramérica y agravó la violencia, la inseguridad, la migración irregular, la corrupción y la impunidad.
América Latina y el Caribe deben pedir en la ONU reconstruir «la democracia en Nicaragua, Venezuela y Cuba», aseveró el politólogo, sociólogo y relacionista internacional boliviano Franco Gamboa, profesor de Estudios Latinoamericanos y Política Comparada en la (no estatal) Universidad Marymount, de Virginia, EU.
«Cuba (…) está influyendo poderosamente en mantener las dictaduras en Nicaragua y Venezuela. (…) En un momento pensamos que [en Cuba] las cosas podían mejorar dejando que el sistema pudiera cambiar, pero ahora no es así», declaró Gamboa a El Gran Diario de México. Sun

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La guerra que Rusia desató contra Ucrania hace casi siete meses acaparará la atención global en la ONU y robará las luces a una región que, como la latinoamericana y caribeña, está golpeada por la ausencia de liderazgos, la creciente ingobernabilidad y los añejos fantasmas de ser «repúblicas bananeras» sin rumbo signadas por los abusos políticos y el caos institucional.
«América Latina no figura en la agenda prioritaria de la Asamblea General (…) ni del Consejo de Seguridad, tampoco en la del gobierno de Estados Unidos, una potencia con intereses geopolíticos declarados en el hemisferio», afirmó el economista Edgar Gutiérrez, excanciller de Guatemala, consultor internacional y analista y estratega político y de seguridad.
«Eso obedece a dos razones: no poseemos un peso estratégico en las disputas de las grandes potencias en el nuevo orden multipolar que se comienza a dibujar, y, por otro lado, no estamos en llamas. Por lo general los grandes foros se ocupan de las emergencias de manera reactiva, nunca preventivamente», dijo Gutiérrez a EL UNIVERSAL.
«¿Hay motivos para estar en esa agenda global? Hay uno apremiante y es el desmantelamiento de las democracias en Centroamérica, los riesgos de que se mine uno de los pilares básicos de la democracia en Brasil, como ya sucedió en EU: no aceptar la voluntad popular manifestada en las urnas», agregó, en alusión a que el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, rechace los resultados electorales del mes próximo en ese país.
«América Latina y el Caribe asisten a estos foros fragmentados y sin propuestas, sea en el campo de la democracia, el cambio climático, la integración regional o el combate al hambre, la pobreza y la desigualdad, que se han agudizado» en la pandemia del coronavirus, recalcó.
Al advertir que Haití, que en 2022 se hundió más en un acelerado caos institucional y una violencia callejera indiscriminada, «sí estará en las preocupaciones» de la ONU, Gutiérrez lamentó que eso ocurrirá «cuando la situación ya está fuera de control».
Para el abogado, diplomático y consultor internacional Jaime Aparicio, exembajador de Bolivia en la Organización de Estados Americanos (OEA), el debate en la ONU será dominado por la guerra en Ucrania y su impacto en asuntos ambientales, energéticos e inflación.
El analista, periodista y escritor hondureño Manuel Torres coincidió en que «la tendencia» es la división y el choque y la tribuna de la ONU «será, como siempre, un reflejo de esa crisis».
«Lo que se puede prever, lamentablemente, serán discursos repetitivos, retóricos, ideologizados y carentes de propuestas o decisiones sólidas en materia de democracia, desarrollo, libertad, paz y seguridad. De nuevo, como suele ocurrir, la realidad de nuestros pueblos será rehén de gobernantes que no los representan», indicó Torres a este periódico.
Centroamérica llegará a la ONU en «uno de sus momentos históricos de mayor desintegración e incluso regresividad. Más cerca del autoritarismo que de la democracia», señaló.
La ofensiva de los cárteles mexicanos del narcotráfico siguió sin cesar en Centroamérica y Suramérica y agravó la violencia, la inseguridad, la migración irregular, la corrupción y la impunidad.
América Latina y el Caribe deben pedir en la ONU reconstruir «la democracia en Nicaragua, Venezuela y Cuba», aseveró el politólogo, sociólogo y relacionista internacional boliviano Franco Gamboa, profesor de Estudios Latinoamericanos y Política Comparada en la (no estatal) Universidad Marymount, de Virginia, EU.
«Cuba (…) está influyendo poderosamente en mantener las dictaduras en Nicaragua y Venezuela. (…) En un momento pensamos que [en Cuba] las cosas podían mejorar dejando que el sistema pudiera cambiar, pero ahora no es así», declaró Gamboa a El Gran Diario de México. Sun

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