jueves, diciembre 8, 2022
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INDICADOR POLÍTICO

Engaños Retóricos de Monreal:
Nuevas Reglas que ya Existían

Por Carlos Ramírez

1.- El discurso constitucionalista, académico y doctoral del senador morenista Ricardo Monreal Ávila sirvió para mostrar una de las virtudes del derecho: cambiar todo para seguir igual, lo que en términos estrictos es empeorar.
2.- En términos estrictos, los candados que se negociaron para aprobar una nueva minuta sobre la misma solicitud presidencial de mantener a las Fuerzas Armadas en labores de seguridad pública redujeron espacios de suyo estrechos para el cumplimiento de las labores de seguridad.
3.- Los candados de Monreal le quitaron la capacidad de gestión a las Fuerzas Armadas en temas de seguridad interior y seguridad nacional y las redujeron a las de mero policías, pero amenazados con la aplicación de las leyes civiles si se comportaban como un aparato de defensa del territorio y las instituciones nacionales.
4.- Los candados aprobados por los legisladores modificaron la estructura operativa de las Fuerzas Armadas como garantes de la seguridad nacional y la seguridad interior y los subordinaron a –cuando menos en el discurso que se exhibió la noche del martes en el Senado– legisladores para obligar a los militares a someterse a las instrucciones y supervisiones civiles.
5.- La posibilidad de que comisiones especiales y el pleno citen a los secretarios de la Defensa Nacional y de Marina para sentarlos en el banquillo de los interrogatorios introdujo en la estructura administrativa de seguridad nacional un nivel intermedio de tipo civil que podría no solamente interrogar a los jefes del Ejército y la Marina, sino inclusive regañarlos, a exigirles cuentas y a amenazarlos con aplicarles sanciones administrativas y políticas. Por la vía de la supervisión civil a la seguridad pública, las Fuerzas Armadas encargadas de la seguridad interior y de la seguridad nacional tendrán que someterse al escrutinio y las exigencias de legisladores que carecen de funcionamiento y capacidad institucional para manejar, gestionar y administrar información del aparato bélico-militar del Estado.
6.- De acuerdo con el contenido de la minuta aprobada el martes en la noche en el Senado, las Fuerzas Armadas se verán obligadas a ceder autonomía de gestión en materia de seguridad nacional y seguridad interior a lo que el senador Monreal calificó de manera pomposa pero engañosa de “control parlamentario, de control constitucional del poder legislativo sobre las Fuerzas Armadas”. Si se entiende bien el pensamiento teórico constitucional del doctor en derecho que suele presumir Monreal a la menor provocación, ahora resulta que se borró de golpe el concepto y el modelo del presidente de la República como comandante supremo de las Fuerzas Armadas y se metió la cuña “del control constitucional» del legislativo sobre uno de los brazos de mayor dependencia absoluta del Ejecutivo que son las Fuerzas Armadas, creando un mando paralelo que pudiera influir en la capacidad legislativa de ir más allá de su función de solo aprobar declaratorias de guerra que haga el presidente de la República como jefe de Estado.
7.- Lo curioso del hecho es que este principio o facultad de control parlamentario sobre una de las ramas del Ejecutivo que requiere mayor autonomía ya existía, pero por sometimiento institucional presidencialista nunca se ejerció: la existencia de la regla que exige o permite que el poder legislativo cite a comparecer a todos los funcionarios de las ramas del Ejecutivo, pero ayer la oposición se quejó de que nunca el Senado ha ejercido la facultad existente del citatorio sobre los jefes de las Fuerzas Armadas, por lo que el senador Monreal inventó la figura de la tautología jurídica para crear un derecho de principio de autoridad que ya existía y que nunca se ha ejercido.
8.- El senador Monreal, de todos modos, deslizó una justificación del pasado: “si nosotros no somos capaces de ejercer esos mecanismos de control parlamentario, no quiere decir que no sirvan, simplemente no los ejercemos», una realidad que viene ocurriendo desde que el presidente de Benito Juárez introdujo la reforma de las comparecencias de los colaboradores del despacho presidencial.
9.- El problema que se debatió por la oposición pero que no fue atendido también dejó indicios de que el Senado no discutió un involucramiento en la estrategia de seguridad, sino solo aprobó una minuta que interesaba a Palacio Nacional: las Fuerzas Armadas han tenido el quinto transitorio desde 2019, pero no han intervenido de manera operativa en combatir el crimen organizado.
10.- Al final de la noche, el senador Monreal como operador de la minuta militar fijó su perfil como un político lopezobradorista y a la espera de que le llegue la ansiada señal de Palacio nacional: la medalla de corcholata sucesoria.
Política para dummies: La política es lo que no se puede esconder.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.
[email protected]

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Canal YouTube: https://t.co/2cCgm1Sjgh

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1.- El discurso constitucionalista, académico y doctoral del senador morenista Ricardo Monreal Ávila sirvió para mostrar una de las virtudes del derecho: cambiar todo para seguir igual, lo que en términos estrictos es empeorar.
2.- En términos estrictos, los candados que se negociaron para aprobar una nueva minuta sobre la misma solicitud presidencial de mantener a las Fuerzas Armadas en labores de seguridad pública redujeron espacios de suyo estrechos para el cumplimiento de las labores de seguridad.
3.- Los candados de Monreal le quitaron la capacidad de gestión a las Fuerzas Armadas en temas de seguridad interior y seguridad nacional y las redujeron a las de mero policías, pero amenazados con la aplicación de las leyes civiles si se comportaban como un aparato de defensa del territorio y las instituciones nacionales.
4.- Los candados aprobados por los legisladores modificaron la estructura operativa de las Fuerzas Armadas como garantes de la seguridad nacional y la seguridad interior y los subordinaron a –cuando menos en el discurso que se exhibió la noche del martes en el Senado– legisladores para obligar a los militares a someterse a las instrucciones y supervisiones civiles.
5.- La posibilidad de que comisiones especiales y el pleno citen a los secretarios de la Defensa Nacional y de Marina para sentarlos en el banquillo de los interrogatorios introdujo en la estructura administrativa de seguridad nacional un nivel intermedio de tipo civil que podría no solamente interrogar a los jefes del Ejército y la Marina, sino inclusive regañarlos, a exigirles cuentas y a amenazarlos con aplicarles sanciones administrativas y políticas. Por la vía de la supervisión civil a la seguridad pública, las Fuerzas Armadas encargadas de la seguridad interior y de la seguridad nacional tendrán que someterse al escrutinio y las exigencias de legisladores que carecen de funcionamiento y capacidad institucional para manejar, gestionar y administrar información del aparato bélico-militar del Estado.
6.- De acuerdo con el contenido de la minuta aprobada el martes en la noche en el Senado, las Fuerzas Armadas se verán obligadas a ceder autonomía de gestión en materia de seguridad nacional y seguridad interior a lo que el senador Monreal calificó de manera pomposa pero engañosa de “control parlamentario, de control constitucional del poder legislativo sobre las Fuerzas Armadas”. Si se entiende bien el pensamiento teórico constitucional del doctor en derecho que suele presumir Monreal a la menor provocación, ahora resulta que se borró de golpe el concepto y el modelo del presidente de la República como comandante supremo de las Fuerzas Armadas y se metió la cuña “del control constitucional» del legislativo sobre uno de los brazos de mayor dependencia absoluta del Ejecutivo que son las Fuerzas Armadas, creando un mando paralelo que pudiera influir en la capacidad legislativa de ir más allá de su función de solo aprobar declaratorias de guerra que haga el presidente de la República como jefe de Estado.
7.- Lo curioso del hecho es que este principio o facultad de control parlamentario sobre una de las ramas del Ejecutivo que requiere mayor autonomía ya existía, pero por sometimiento institucional presidencialista nunca se ejerció: la existencia de la regla que exige o permite que el poder legislativo cite a comparecer a todos los funcionarios de las ramas del Ejecutivo, pero ayer la oposición se quejó de que nunca el Senado ha ejercido la facultad existente del citatorio sobre los jefes de las Fuerzas Armadas, por lo que el senador Monreal inventó la figura de la tautología jurídica para crear un derecho de principio de autoridad que ya existía y que nunca se ha ejercido.
8.- El senador Monreal, de todos modos, deslizó una justificación del pasado: “si nosotros no somos capaces de ejercer esos mecanismos de control parlamentario, no quiere decir que no sirvan, simplemente no los ejercemos», una realidad que viene ocurriendo desde que el presidente de Benito Juárez introdujo la reforma de las comparecencias de los colaboradores del despacho presidencial.
9.- El problema que se debatió por la oposición pero que no fue atendido también dejó indicios de que el Senado no discutió un involucramiento en la estrategia de seguridad, sino solo aprobó una minuta que interesaba a Palacio Nacional: las Fuerzas Armadas han tenido el quinto transitorio desde 2019, pero no han intervenido de manera operativa en combatir el crimen organizado.
10.- Al final de la noche, el senador Monreal como operador de la minuta militar fijó su perfil como un político lopezobradorista y a la espera de que le llegue la ansiada señal de Palacio nacional: la medalla de corcholata sucesoria.
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2.- En términos estrictos, los candados que se negociaron para aprobar una nueva minuta sobre la misma solicitud presidencial de mantener a las Fuerzas Armadas en labores de seguridad pública redujeron espacios de suyo estrechos para el cumplimiento de las labores de seguridad.
3.- Los candados de Monreal le quitaron la capacidad de gestión a las Fuerzas Armadas en temas de seguridad interior y seguridad nacional y las redujeron a las de mero policías, pero amenazados con la aplicación de las leyes civiles si se comportaban como un aparato de defensa del territorio y las instituciones nacionales.
4.- Los candados aprobados por los legisladores modificaron la estructura operativa de las Fuerzas Armadas como garantes de la seguridad nacional y la seguridad interior y los subordinaron a –cuando menos en el discurso que se exhibió la noche del martes en el Senado– legisladores para obligar a los militares a someterse a las instrucciones y supervisiones civiles.
5.- La posibilidad de que comisiones especiales y el pleno citen a los secretarios de la Defensa Nacional y de Marina para sentarlos en el banquillo de los interrogatorios introdujo en la estructura administrativa de seguridad nacional un nivel intermedio de tipo civil que podría no solamente interrogar a los jefes del Ejército y la Marina, sino inclusive regañarlos, a exigirles cuentas y a amenazarlos con aplicarles sanciones administrativas y políticas. Por la vía de la supervisión civil a la seguridad pública, las Fuerzas Armadas encargadas de la seguridad interior y de la seguridad nacional tendrán que someterse al escrutinio y las exigencias de legisladores que carecen de funcionamiento y capacidad institucional para manejar, gestionar y administrar información del aparato bélico-militar del Estado.
6.- De acuerdo con el contenido de la minuta aprobada el martes en la noche en el Senado, las Fuerzas Armadas se verán obligadas a ceder autonomía de gestión en materia de seguridad nacional y seguridad interior a lo que el senador Monreal calificó de manera pomposa pero engañosa de “control parlamentario, de control constitucional del poder legislativo sobre las Fuerzas Armadas”. Si se entiende bien el pensamiento teórico constitucional del doctor en derecho que suele presumir Monreal a la menor provocación, ahora resulta que se borró de golpe el concepto y el modelo del presidente de la República como comandante supremo de las Fuerzas Armadas y se metió la cuña “del control constitucional» del legislativo sobre uno de los brazos de mayor dependencia absoluta del Ejecutivo que son las Fuerzas Armadas, creando un mando paralelo que pudiera influir en la capacidad legislativa de ir más allá de su función de solo aprobar declaratorias de guerra que haga el presidente de la República como jefe de Estado.
7.- Lo curioso del hecho es que este principio o facultad de control parlamentario sobre una de las ramas del Ejecutivo que requiere mayor autonomía ya existía, pero por sometimiento institucional presidencialista nunca se ejerció: la existencia de la regla que exige o permite que el poder legislativo cite a comparecer a todos los funcionarios de las ramas del Ejecutivo, pero ayer la oposición se quejó de que nunca el Senado ha ejercido la facultad existente del citatorio sobre los jefes de las Fuerzas Armadas, por lo que el senador Monreal inventó la figura de la tautología jurídica para crear un derecho de principio de autoridad que ya existía y que nunca se ha ejercido.
8.- El senador Monreal, de todos modos, deslizó una justificación del pasado: “si nosotros no somos capaces de ejercer esos mecanismos de control parlamentario, no quiere decir que no sirvan, simplemente no los ejercemos», una realidad que viene ocurriendo desde que el presidente de Benito Juárez introdujo la reforma de las comparecencias de los colaboradores del despacho presidencial.
9.- El problema que se debatió por la oposición pero que no fue atendido también dejó indicios de que el Senado no discutió un involucramiento en la estrategia de seguridad, sino solo aprobó una minuta que interesaba a Palacio Nacional: las Fuerzas Armadas han tenido el quinto transitorio desde 2019, pero no han intervenido de manera operativa en combatir el crimen organizado.
10.- Al final de la noche, el senador Monreal como operador de la minuta militar fijó su perfil como un político lopezobradorista y a la espera de que le llegue la ansiada señal de Palacio nacional: la medalla de corcholata sucesoria.
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