Michelle Rodríguez creció en México frente a una televisión donde casi nadie se parecía a ella. En los años 80 y 90, cuando imaginaba su futuro como actriz, los personajes con su cuerpo o su origen no protagonizaban historias: eran la mejor amiga, la figura cómica secundaria o el estereotipo. “Cuando era niña y soñaba con hacer esto, en mi cabeza era un automático: ‘no’, porque nunca me vi representada”, cuenta Michelle.
Sin embargo, decidió aferrarse a su sueño. Se formó en doblaje, locución y producción en radio, y más tarde sumó comedia, improvisación, teatro musical e interpretación. Talento para abrirse paso. Cuando apareció en la pantalla chica, la actriz descubrió algo revelador: su presencia era valorada por su capacidad, algo que resignificó su lugar en la industria y la llevó a pensar que otras también podían ocuparlo.
“Cuando llegué a la televisión y se me abrieron muchas puertas por mis capacidades y por mis talentos, cambió mi percepción. Ahí entendí que sí se podía y que, si yo podía estar en ese lugar, también podía jalar a más gente”, continúa la actriz de 42 años.
Después de participar en «Amores verdaderos» en 2012 y consolidarse en 2016 con «40 y 20», donde su personaje Toña era uno de los más queridos por los televidentes, comenzó en paralelo su carrera en la comedia, usando el chiste como discurso. En su show «Buena persona», por ejemplo, que presentó hace un par de años, partió de una idea incómoda: que a veces el esfuerzo por «portarse bien» acaba revelando lo contrario en todas las personas.
“Hay que abrazar nuestras diferencias y dejar de medir a otros con la vara que no queremos que nos midan, porque todos cabemos. Cuando puedas abrir una puerta, detenla para que pasen los demás… si yo puedo, ella también”, concluye. SUN
“Hay que Abrazar Nuestras Diferencias”: Michelle Rodríguez
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