ALFIL NEGRO

672
ALFIL NEGRO
ALFIL NEGRO

“Dejen a los niños y no les impidáis que vengan a mí; porque de los tales es el Reino de los cielos.” (Mateo 19:14)

Ángeles de la Guarda
Oscar D. Ballinas Lezama

José Manuel es un pequeño de escasos cinco años de edad y aunque sabe que está enfermo, no entiende que es uno de los condenados por la muerte silenciosa que corre por sus venas; ahí, junto a él, su apesarado padre y un grupo de ángeles luchan por salvarlo de las garras de la parca.
En el pabellón de los sentenciados por la terrible leucemia, no menos de 70 niños deambulan en el pequeño espacio creado para ellos dentro del Hospital General, donde reciben atención de varias damitas convertidas en sus ángeles de la guarda, cuya esperanza de vida puede alcanzar hasta un 70 por ciento, si Dios se los permite.
Vera Ramírez Parlange, presidenta del Centro de Apoyo a Niños con Cáncer del Soconusco, va y viene atendiendo a los niños cubiertos con un cubre boca y un pañuelo en la cabeza, tratando de esconder su calvicie provocada por las terribles quimioterapias y radiaciones, con las que tratan de exterminar las células cancerosas que día con día minan su débil cuerpecito.
Ahí, en un pequeño cubículo que es utilizado como trinchera en la guerra que sostienen contra la parca, Edna Andrade, miembro de otro grupo denominado ‘Casa de la amistad’, es la responsable del banco de medicamentos; nos habla de la urgente necesidad de conseguir tabletas de Purinethol, un medicamento que sirve como quimia oral y tiene un costo económico muy alto en el mercado de la farmacéutica.
Difícilmente los padres de los niños con leucemia, que en su mayoría son campesinos u obreros, pueden comprar ese tipo de quimioterapia; es ahí cuando los ‘ángeles’ del grupo ’Canicas’ entran en acción, gestionando, pidiendo, suplicando, inventando y haciendo todo lo que pueden, para conseguir lo que ayude a los pequeños enfermos a tener una mejor calidad de vida.
Edna Andrade, habla de los ‘guerreros de la vida’, como conocen en el Hospital de Tapachula a todos esos niños afectados por el cáncer, que en su inocencia no saben que su vida pende de un delgado hilo, ya que les dan un tratamiento de 120 semanas y si las cumplen sin contratiempos, entonces entran en una periodo de vigilancia que dura tres años, porque corren siempre el riesgo de que la enfermedad regrese y muchas veces lo hace con más agresividad.
Yeyé, es una hermosa niña que a sus cuatro años de edad recibió el tratamiento completo y todos pensaron que la había librado, sin embargo, el cáncer como un perro rabioso volvió aparecer en su incipiente vida, ha regresado al punto de partida y sus padres no se resignan a que su pequeña llegue tan pronto al final de su vida; lloran y rezan pidiendo a Dios la misericordia de un milagro.
La Presidenta de Canicas, una mujer de mirada profunda y sentimientos dulces, no niega que el sufrimiento de tantas criaturas le vacíen los ojos de lágrimas y empujen su espíritu a la desesperación, cuando pareciera que todas las puertas se cierran para conseguir la ayuda necesaria para quienes llama, sus ‘pequeños guerreros de vida’.
Vera explica que los niños que estaban yendo a la escuela, cuyas vidas han sido atrapadas por el cáncer, reciben clases en el mismo Hospital, donde han creado una escuelita incorporada a la SEP y los estudiantes reciben su certificado para que de esa manera no pierdan el año escolar, ahí les ayuda otro ‘ángel’ de Dios, la maestra Noemí Esquinca, acuerpada por un generoso grupo de jóvenes voluntarios.
Los alimentos son surtidos por doña Viky Ortiz Mérida, quien durante muchos años ha velado por esas criaturas, convertida en otros de los ángeles que cuidan a los niños en el pabellón de la muerte, va y viene a sus empresas para conseguir bocadillos y evitar así que esos niños enfermos y pobres sufran también de hambre, bastante tienen ya con el brutal dolor que provoca la enfermedad que tienen.
Con una aguja introducida en sus débiles venas por donde entra la quimioterapia, Nelly, de 14 años y con el síndrome de Down, deja ver una sonrisa en su pequeño rostro, cuando Vera, líder de Canicas, le da la noticia que le ha conseguido un vestido para sus quince años que ésta pequeña con leucemia va a cumplir el próximo 15 de Mayo y que se lo festejarán el 22 de ese mismo mes en el hospital, y con ello se le cumplirá su sueño.
Edna Andrade, miembro del grupo voluntario ‘La casa de la amistad’, explica que la leucemia es el cáncer que más se detecta en los niños del Soconusco y que al parecer, son muchas las causas que lo originan.
Menciona entre estas a las radiaciones que emanan de las torres que sirven para sostener cables de alta tensión, los celulares conectados que son usados al mismo tiempo, sin descartar las fumigaciones con herbicidas y pesticidas que siguen haciéndose en toda esta zona de la frontera del sur de México.
Añadió que es necesario ampliar el número de voluntariados, una ‘red de ángeles’ que ayude a estos niños enfermos, no solamente en especie sino también visitándolos, orando por ellos, regalándoles una sonrisa o un abrazo, que es una manera de decirles ‘estoy acá, no estás solo’ y con ello se les un poco de esperanza, que ya no tienen.
Ojalá que el resto de la sociedad soconusquense se una a este esfuerzo titánico y humanitario que realizan organizaciones como ‘Canicas’, ‘Casa de la Amistad’, entre las pocas que existen formadas por verdaderos Ángeles de Dios; no se puede seguir siendo insensible al sufrimiento de nuestros semejantes, sobre todo cuando éstos son niños.
Organizaciones civiles, religiosas y autoridades deben unificar esfuerzos en esta lucha; hay que dejar atrás la insensibilidad, el conformismo, la apatía y la resignación que está envolviendo a los seres humanos, Dios no ve con buenos ojos esa actitud, ¿no cree usted amable lector?
Y debido al aumento de la maldad, el amor de muchos se enfriará. (Mateo 24:12)