Terror en el Supermercado Parisino

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Anne Marie Mergier

Fotos pixeladas se suceden en la inmensa pantalla de la sala de audiencia de la Corte Penal Especial. Son capturas de pantalla. En la primera se vislumbra un hombre que camina por una calle bajo la lluvia. Viste chaqueta negra con capucha, pero tiene el rostro descubierto. Carga una amplia bolsa deportiva que parece pesada. Se nota apresurado.
“Es el sábado 9 de enero de 2015. Son las 13:05. Amedy Coulibaly llega al supermercado kosher de la Porte de Vincennes”, comenta en tono neutro Christian Deau, investigador en jefe de la sección antiterrorista de la Brigada Criminal.
Segunda imagen: el hombre se apresta a entrar a la tienda con un rifle de asalto en la mano. “Son las 13:06. Amedy Coulibaly entra en el supermercado. Le dispara a Yohan Cohen, empleado de la tienda, que cae herido entre los carritos”, dice Deau.
Tercera imagen: se divisa una silueta masculina que sale corriendo del almacén. “Son las 13:07. Patrice Oualid, director del supermercado, logra escapar. Coulibaly dispara. Lo hierre en el brazo pero no interrumpe su huida”, recalca Deau con la misma voz profesional.
“Coulibaly recorre la tienda en busca de clientes escondidos. Tiene problemas con su ametralladora, cuyo cargador se encasquilla. Pierde un minuto 30 segundos para arreglarla. Ve a un hombre en el piso que trata de pasar desapercibido. Le pregunta cómo se llama. Al oír su apellido, Coulibaly ejecuta a Philippe Issac Braham de dos tiros en la cabeza. Son las 13:08”, acota Deau antes de precisar que el terrorista le ordena a Zarie Sibony, una de las dos cajeras, que cierre la puerta y baje la cortina metálica del almacén.
“La cortina está bajada a medias cuando surge de la calle Michel Saada –relata Deau, controlando su tono de voz–. Entra y entiende de inmediato lo que pasa. Se da la vuelta y busca escapar. Coulibaly le dispara tres balazos en la espalda. El cuerpo de Saada se derrumba en el andén. Coulibaly jala el cadáver dentro de la tienda. Zarie Sibony termina de bajar la cortina metálica. Son las 13:12.”
Amedy Coulibaly mata al cuarto rehén a las 13:20. Se trata de Yoav Hattab, que se apoderó de una de las dos ametralladoras que el terrorista había puesto encima de una caja de bolsas de harina.
“Yoav Hattab no logra desbloquearla. Coulibaly le dispara en la cabeza”, comenta escuetamente Deau.
Sólo han transcurrido 14 minutos desde que el terrorista irrumpió en la tienda. Faltan cuatro horas para que los rehenes sean liberados por las fuerzas especiales, que ahora empiezan a posicionarse alrededor del lugar.
Con tal rigor y concisión, el pasado 21 de septiembre el alto funcionario policiaco describió paso a paso ante la Corte Penal Especial de París el ataque perpetrado contra el supermercado kosher dos días después del atentado mortífero contra Charlie Hebdo.
Su relato, que duró seis horas, abrió la cuarta semana del juicio histórico a 14 acusados de complicidad con Amedy Coulibaly y con los hermanos Said y Chérif Kouachi, autores de la matanza en el semanario satírico.
Aunque los dos atentados fueron cometidos en forma coordinada por los tres terroristas, los hermanos Kouachi perpetraron su masacre a nombre de Al Qaeda en Yemen para “vengar la ofensa infligida al profeta Mahoma” por caricaturistas daneses y franceses en 2005 y 2006. Amedy Coulibaly, que proclamó su lealtad al Estado Islámico, reivindicó en primera instancia su antisemitismo y luego su condena de la política “antimusulmana” de Francia.
En Carne Propia.
Unas 30 personas, entre clientes y empleados, se encontraban en el almacén cuando irrumpió Coulibaly. Después de los hechos, muchas de ellas dejaron Francia para irse a vivir en Israel. Entre ellas se encuentran las dos cajeras: Andrea Chamak y Zarie Sibony. Todos los exrehenes padecen graves trastornos de estrés postraumático. Muchos se dicen incapaces de tener una vida profesional y familiar normal.
Sólo una minoría aceptó atestiguar. Algunas víctimas lo hicieron por escrito, una por videoconferencia desde Estados Unidos, otras vacilaron hasta el último minuto antes de presentarse ante la Corte Penal Especial de París.
“El hombre nos ordenó levantarnos y alcanzarlo. Me levanté. Vi los cuerpos y chorros de sangre. Pensé que se trataba de un atraco y le propuse darle todo el dinero que teníamos.
“El terrorista se echó a reír. ‘¿No oíste hablar de Charlie? Somos del mismo equipo. El problema de ustedes los judíos es que aman demasiado la vida. Para mí sólo importa la muerte. Ustedes representan lo que más odio, los judíos y los franceses’.” Apro