domingo, agosto 14, 2022
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Invasión de Rusia a Ucrania Pone en Riesgo la Seguridad Alimentaria

Jon Benjamín

El impacto de la brutal invasión no provocada, injusta e ilegal de Rusia a Ucrania por parte de Putin se resiente en todo el mundo, incluso en México. Las consecuencias globales de dichas acciones han tenido un impacto directo en la interrupción de las cadenas de suministro globales y en los aumentos en el precio de los alimentos, productos agrícolas (en especial fertilizantes) y la energía.
El gobierno ruso trata de evadir su responsabilidad en el escenario global. Rusia es el país que bombardea campos y reservas de cereales en Ucrania; que mantiene a los agricultores ucranianos alejados de sus campos, impidiendo que cosechen el trigo y el maíz. Es Rusia el país que está bloqueando los puertos y paraliza la capacidad de Ucrania de exportar alimentos, que saquea las reservas de granos de Ucrania y las envía a Rusia, lo que probablemente desencadenará en escasez de alimentos en todo el mundo.
Las consecuencias de la agresión rusa exacerban las tendencias generadas por el impacto económico de la Covid-19, incluyendo cadenas de suministro y presiones fiscales. Ucrania y Rusia juntos generan casi un tercio de todas las exportaciones mundiales de trigo y tres cuartas partes de las exportaciones mundiales de aceite de girasol.
México importa 55% y 20% de su consumo de trigo y maíz, respectivamente. Desde el inicio de la guerra, el trigo se ha encarecido en casi 9% y el maíz en 6% y, conforme se agoten los inventarios, la tendencia al alza podría acelerarse.
Mientras continúa la guerra que Putin eligió librar, los efectos en las cadenas de suministro agrícola y la seguridad alimentaria a nivel mundial se intensificarán a medida que la guerra interrumpa las temporadas de cultivo en Ucrania y la región.
Por lo tanto, terminar rápidamente el conflicto debe interesarnos a todas y todos. Las acciones de Rusia no solo han violado la soberanía de una nación independiente y democrática; también constituyen una amenaza para la economía global. Por ello, necesitamos que cese sus ataques y retire sus fuerzas de las fronteras de Ucrania. Solo así se restablecerá el suministro de alimentos y bienes esenciales que actualmente afecta todo el mundo.
El Reino Unido, junto a sus socios en la comunidad internacional, hace todo lo posible para orillar a Rusia para que ponga fin al conflicto. Las sanciones económicas y medidas comerciales que hemos introducido en respuesta a la invasión ilegal a Ucrania tienen como objetivo debilitar la capacidad de Rusia para mantener su ilegal campaña militar. Esta acción económica es proporcional y necesaria.
Las sanciones internacionales dirigidas a Rusia no son la causa del incremento en los precios de los alimentos a nivel global y no tienen la intención de evitar las operaciones que habitualmente son necesarias para la exportación de alimentos y fertilizantes o el acceso a la comida. Nuestras sanciones se enfocan en la máquina de guerra de Putin.
Está claro que Putin está utilizando la seguridad alimentaria mundial como un arma, sobre todo mediante el robo de cereales de las zonas ocupadas en Ucrania y el bloqueo de sus puertos.
Además de la devastación en Ucrania, la guerra de Putin arriesga llevar a la hambruna a millones de personas en todo el mundo. Los intentos de Rusia de culpar a otros por las consecuencias económicas de su agresión deben ser condenados.
Está claro quién tiene la culpa. Cuanto antes termine la guerra innecesaria de Putin, mayores serán las posibilidades de que el mundo controle esta peligrosa interrupción en la seguridad alimentaria global. Sun

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Jon Benjamín

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El gobierno ruso trata de evadir su responsabilidad en el escenario global. Rusia es el país que bombardea campos y reservas de cereales en Ucrania; que mantiene a los agricultores ucranianos alejados de sus campos, impidiendo que cosechen el trigo y el maíz. Es Rusia el país que está bloqueando los puertos y paraliza la capacidad de Ucrania de exportar alimentos, que saquea las reservas de granos de Ucrania y las envía a Rusia, lo que probablemente desencadenará en escasez de alimentos en todo el mundo.
Las consecuencias de la agresión rusa exacerban las tendencias generadas por el impacto económico de la Covid-19, incluyendo cadenas de suministro y presiones fiscales. Ucrania y Rusia juntos generan casi un tercio de todas las exportaciones mundiales de trigo y tres cuartas partes de las exportaciones mundiales de aceite de girasol.
México importa 55% y 20% de su consumo de trigo y maíz, respectivamente. Desde el inicio de la guerra, el trigo se ha encarecido en casi 9% y el maíz en 6% y, conforme se agoten los inventarios, la tendencia al alza podría acelerarse.
Mientras continúa la guerra que Putin eligió librar, los efectos en las cadenas de suministro agrícola y la seguridad alimentaria a nivel mundial se intensificarán a medida que la guerra interrumpa las temporadas de cultivo en Ucrania y la región.
Por lo tanto, terminar rápidamente el conflicto debe interesarnos a todas y todos. Las acciones de Rusia no solo han violado la soberanía de una nación independiente y democrática; también constituyen una amenaza para la economía global. Por ello, necesitamos que cese sus ataques y retire sus fuerzas de las fronteras de Ucrania. Solo así se restablecerá el suministro de alimentos y bienes esenciales que actualmente afecta todo el mundo.
El Reino Unido, junto a sus socios en la comunidad internacional, hace todo lo posible para orillar a Rusia para que ponga fin al conflicto. Las sanciones económicas y medidas comerciales que hemos introducido en respuesta a la invasión ilegal a Ucrania tienen como objetivo debilitar la capacidad de Rusia para mantener su ilegal campaña militar. Esta acción económica es proporcional y necesaria.
Las sanciones internacionales dirigidas a Rusia no son la causa del incremento en los precios de los alimentos a nivel global y no tienen la intención de evitar las operaciones que habitualmente son necesarias para la exportación de alimentos y fertilizantes o el acceso a la comida. Nuestras sanciones se enfocan en la máquina de guerra de Putin.
Está claro que Putin está utilizando la seguridad alimentaria mundial como un arma, sobre todo mediante el robo de cereales de las zonas ocupadas en Ucrania y el bloqueo de sus puertos.
Además de la devastación en Ucrania, la guerra de Putin arriesga llevar a la hambruna a millones de personas en todo el mundo. Los intentos de Rusia de culpar a otros por las consecuencias económicas de su agresión deben ser condenados.
Está claro quién tiene la culpa. Cuanto antes termine la guerra innecesaria de Putin, mayores serán las posibilidades de que el mundo controle esta peligrosa interrupción en la seguridad alimentaria global. Sun

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Jon Benjamín

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El gobierno ruso trata de evadir su responsabilidad en el escenario global. Rusia es el país que bombardea campos y reservas de cereales en Ucrania; que mantiene a los agricultores ucranianos alejados de sus campos, impidiendo que cosechen el trigo y el maíz. Es Rusia el país que está bloqueando los puertos y paraliza la capacidad de Ucrania de exportar alimentos, que saquea las reservas de granos de Ucrania y las envía a Rusia, lo que probablemente desencadenará en escasez de alimentos en todo el mundo.
Las consecuencias de la agresión rusa exacerban las tendencias generadas por el impacto económico de la Covid-19, incluyendo cadenas de suministro y presiones fiscales. Ucrania y Rusia juntos generan casi un tercio de todas las exportaciones mundiales de trigo y tres cuartas partes de las exportaciones mundiales de aceite de girasol.
México importa 55% y 20% de su consumo de trigo y maíz, respectivamente. Desde el inicio de la guerra, el trigo se ha encarecido en casi 9% y el maíz en 6% y, conforme se agoten los inventarios, la tendencia al alza podría acelerarse.
Mientras continúa la guerra que Putin eligió librar, los efectos en las cadenas de suministro agrícola y la seguridad alimentaria a nivel mundial se intensificarán a medida que la guerra interrumpa las temporadas de cultivo en Ucrania y la región.
Por lo tanto, terminar rápidamente el conflicto debe interesarnos a todas y todos. Las acciones de Rusia no solo han violado la soberanía de una nación independiente y democrática; también constituyen una amenaza para la economía global. Por ello, necesitamos que cese sus ataques y retire sus fuerzas de las fronteras de Ucrania. Solo así se restablecerá el suministro de alimentos y bienes esenciales que actualmente afecta todo el mundo.
El Reino Unido, junto a sus socios en la comunidad internacional, hace todo lo posible para orillar a Rusia para que ponga fin al conflicto. Las sanciones económicas y medidas comerciales que hemos introducido en respuesta a la invasión ilegal a Ucrania tienen como objetivo debilitar la capacidad de Rusia para mantener su ilegal campaña militar. Esta acción económica es proporcional y necesaria.
Las sanciones internacionales dirigidas a Rusia no son la causa del incremento en los precios de los alimentos a nivel global y no tienen la intención de evitar las operaciones que habitualmente son necesarias para la exportación de alimentos y fertilizantes o el acceso a la comida. Nuestras sanciones se enfocan en la máquina de guerra de Putin.
Está claro que Putin está utilizando la seguridad alimentaria mundial como un arma, sobre todo mediante el robo de cereales de las zonas ocupadas en Ucrania y el bloqueo de sus puertos.
Además de la devastación en Ucrania, la guerra de Putin arriesga llevar a la hambruna a millones de personas en todo el mundo. Los intentos de Rusia de culpar a otros por las consecuencias económicas de su agresión deben ser condenados.
Está claro quién tiene la culpa. Cuanto antes termine la guerra innecesaria de Putin, mayores serán las posibilidades de que el mundo controle esta peligrosa interrupción en la seguridad alimentaria global. Sun

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