Sheinbaum va por Fracking Moderado Para Extraer Gas
Raúl Rodríguez Cortés
¿Qué llevó a la presidenta Claudia Sheinbaum a aceptar y proponer el uso de la fractura hidráulica (fracking) para la extracción de gas cuando su rechazo y hasta satanización ha sido parte de las convicciones ideológicas y políticas de ella y el movimiento que fundó AMLO?
¿Qué provocó que arriara esa bandera enarbolada durante años no obstante los resultados que apuntalaron el boom energético de Estados Unidos con la explotación intensiva de lutitas en Texas, solo posible con la fracturación hidráulica?
¿Fue, como explicó la presidenta, que las nuevas tecnologías usadas para la fractura hidráulica tienen impactos ambientales y sociales mucho menores que los de antes o fue porque ya desde el poder tuvo cabal conciencia de la urgente necesidad de reducir la enorme dependencia que tenemos del gas que importamos de Estados Unidos, más aún con los constantes amagos de Donald Trump?
Las dos, sin duda, son las razones, aunque parece que pesa más la segunda porque un eventual estrangulamiento de ese suministro de gas realmente paralizaría al país y pondría en jaque nuestra soberanía.
Por lo pronto, el gobierno de Sheinbaum se ha puesto en modo de evaluar al crear un comité científico que, según se dijo, pondrá énfasis en la soberanía energética sin lanzarse hacia la búsqueda de un boom tipo Texas. No hay entre quienes lo conforman voces contundentes contra el fracking, no porque no las haya sino porque solo se convocó a perfiles cercanos a la 4T.
No ayuda mucho a la comprensión de un asunto tan crucial el que en ese comité no estén quienes han desarrollado y aplicado la fracturación hidráulica.
Pero vayamos a los datos.
México consume actualmente un promedio de nueve mil millones de pies cúbicos diarios de gas y produce dos mil 300 millones de pies cúbicos diarios mediante métodos convencionales. Esto quiere decir que solo producimos una cuarta parte (25 por ciento) de lo que consumimos. El restante 75 por ciento (seis mil 700 millones de pies cúbicos diarios) se lo compramos a Texas, donde fue extraído vía fracking.
Expertos de la UNAM consultados por esta columna estiman en 141 billones de pies cúbicos los recursos no convencionales de lutitas o gas shale, sobre todo en estados como Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Las nuevas tecnologías de extracción vía fracking tienen gradaciones: una mínima y prudente, casi sin daño ambiental y social, pero que sólo aportaría del tres al cinco por ciento a la producción nacional; una moderada, con más daño ambiental y social, pero que aportaría 20 por ciento de la producción nacional y reduciría importaciones del 75 al 55 por ciento; y una agresiva, la del modelo Texas, con lo que México duplicaría su producción nacional y las importaciones caerían de 75 a 20 por ciento.
El proyecto de Sheinbaum parece encaminarse hacia el grado moderado sin que deje de haber costos como los hay en cualquier proyecto de esta naturaleza, ya que las lutitas son inyectadas con cantidades intensivas de agua y productos químicos. Las principales desventajas en este caso, además de la contaminación, es el riesgo asociado al estrés hídrico y la competencia con el gas barato de Texas que limita la rentabilidad. Sun





