Por Ernesto L. Quinteros
El Costo del Pánico en Diferentes Regiones del México ya Empieza a Pasar la Factura
La conversación pública desde el pasado domingo se encuentra centrada en el operativo federal que derivó en el abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, conocido como “El Mencho”. Más allá del golpe mediático y estratégico, lo que hoy preocupa no es únicamente el hecho en sí, sino el efecto dominó que ha provocado en la percepción colectiva.
Las imágenes de vehículos incendiados, bloqueos y enfrentamientos en Jalisco y otras entidades circularon con velocidad vertiginosa en redes sociales. Videos sin contexto, audios alarmistas y cadenas reenviadas miles de veces terminaron por construir un ambiente de psicosis que ha paralizado regiones enteras donde, en los hechos, no ocurre absolutamente nada extraordinario.
El problema ya no es solo la violencia focalizada; es el miedo generalizado.
En distintas ciudades del país se observan plazas comerciales semivacías, mercados con baja afluencia y escuelas donde padres de familia decidieron no enviar a sus hijos pese a no existir suspensión oficial. La economía, que ya venía resentida por factores estructurales e inflacionarios, hoy enfrenta un enemigo adicional: la incertidumbre.
Los comerciantes son los primeros en resentirlo. Restaurantes, locatarios de mercados públicos, pequeños empresarios y trabajadores informales reportan caídas drásticas en ventas. Cada día de baja actividad representa pérdidas millonarias acumuladas a nivel nacional. El consumo se detiene cuando el miedo avanza.
Y para muestra un botón: el ámbito deportivo también ha comenzado a resentir el impacto. La Federación Portuguesa de Futbol puso en duda su participación en el partido amistoso contra la Selección Mexicana programado para el 28 de marzo en el Estadio Azteca, en el marco de su reapertura rumbo al Mundial 2026.
El organismo lusitano ha sido claro: mantiene una evaluación permanente sobre las condiciones de seguridad y tomará su decisión en coordinación con el gobierno portugués. Aunque reconocen el valor histórico y simbólico del encuentro, subrayan que la seguridad de jugadores, cuerpo técnico y aficionados es prioridad absoluta.
De cancelarse el encuentro, el golpe sería no solo deportivo y económico, sino también simbólico. Miles de aficionados podrían quedarse con las ganas de ver en territorio mexicano a figuras como Cristiano Ronaldo, uno de los referentes mundiales del fútbol contemporáneo. Pero más allá del espectáculo, lo verdaderamente preocupante sería el mensaje internacional: la percepción de un país donde el riesgo supera al evento.
Aquí es donde el Gobierno Federal tiene una tarea urgente. No basta con ejecutar operativos contundentes, es indispensable implementar estrategias claras de comunicación y contención social que eviten que la narrativa del miedo se imponga sobre la realidad. La información oficial debe ser oportuna, transparente y coordinada con los gobiernos estatales para frenar la desinformación que circula sin control.
México ha enfrentado episodios complejos antes. La diferencia radica en que hoy la viralidad multiplica el impacto psicológico. Un video grabado en una colonia puede generar temor en otra entidad a cientos de kilómetros. El pánico se globaliza en segundos.
Combatir la violencia es fundamental, pero también lo es combatir el miedo. Porque cuando la población deja de salir, de consumir, de asistir a clases o de participar en la vida pública, el daño se vuelve estructural. La economía se desacelera, la convivencia social se fractura y la percepción internacional se deteriora.
El país no puede permitirse una parálisis colectiva cada vez que ocurre un hecho de alto impacto. Se requiere firmeza institucional, coordinación entre niveles de gobierno y, sobre todo, responsabilidad en la difusión de información. No hay de otra.
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana. ¡Animooo!
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