Por Ernesto L. Quinteros
Suchiate: Cuando la Política Ignora las Verdaderas Prioridades
En Suchiate, la inconformidad ciudadana no surge de la nada. Es el resultado de decisiones que, lejos de responder a las necesidades más urgentes, parecen orientadas a construir una narrativa política desconectada de la realidad social.
La nueva remodelación del parque central Miguel Hidalgo se ha convertido en el símbolo más claro de esta desconexión social por parte del todavía Presidente Municipal de este municipio fronterizo, Elmer Vázquez Gallardo. No porque el espacio público no sea importante —lo es—, sino porque su intervención ocurre en un contexto donde las carencias básicas siguen siendo la constante en colonias y comunidades enteras.
Agua potable irregular, drenaje colapsado, calles en mal estado, inseguridad creciente, servicios de salud limitados y caminos saca-cosechas en abandono. Esa es la realidad cotidiana de miles de familias en este municipio fronterizo. Frente a ello, la decisión de invertir nuevamente en un parque que ya fue remodelado recientemente no solo resulta cuestionable, sino políticamente riesgosa.
Porque aquí el problema no es la obra en sí, sino el mensaje que envía: que las prioridades del gobierno municipal no coinciden con las de su gente.
Y si a eso se suma la falta de transparencia, el escenario se vuelve aún más delicado. No hay claridad sobre el monto de inversión, ni sobre el proceso de licitación, ni sobre la empresa encargada. En un país donde la desconfianza hacia el manejo de recursos públicos es alta, este tipo de omisiones no son menores. Al contrario, alimentan la sospecha y debilitan la credibilidad institucional.
La opacidad nunca es un error administrativo; es una decisión política.
Pero hay un elemento más de fondo que no debe pasarse por alto. En contextos de alta marginación, cada peso del presupuesto público tiene un peso social mucho mayor. No se trata solo de gastar, sino de invertir estratégicamente en aquello que impacte directamente en la calidad de vida de la población.
Un camino saca-cosechas rehabilitado puede significar mejores ingresos para productores. Un sistema de drenaje funcional puede prevenir enfermedades. El acceso al agua potable puede cambiar la dinámica de una comunidad entera. Esas son las obras que transforman realidades.
Por eso, cuando se privilegian proyectos de impacto visual sobre necesidades estructurales, se corre el riesgo de gobernar para la foto y no para la gente. Y en política, la percepción también cuenta.
Hoy, muchos habitantes de Suchiate interpretan esta obra como un intento de justificar gestión, de generar presencia, de aparentar actividad. Pero gobernar no es aparentar; es resolver.
Además, en un municipio con altos índices de pobreza y rezago, este tipo de decisiones pueden profundizar el malestar social. La gente no solo observa lo que se hace, sino también lo que se deja de hacer. Y en ese contraste es donde se construye —o se destruye— la legitimidad de un gobierno.
El tema, además, no es exclusivo de Suchiate. Es un reflejo de una práctica recurrente en distintos niveles de gobierno: priorizar obras visibles sobre soluciones de fondo. La diferencia es que en territorios con mayores carencias, el costo social de estas decisiones es mucho más alto.
Por ello, el llamado ciudadano no es menor ni exagerado. Es una exigencia legítima de transparencia, de rendición de cuentas y, sobre todo, de sensibilidad política. No hay más.
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana. ¡Animooo!
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