Polígrafo Político

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Darinel Zacarías

Amenaza Epidemiológica

¡Interminables alarmas, donde los sórdidos hospitales, parecen pedir a gritos una tregua por piedad!
Joaquín Sabina

La emergencia humanitaria que se vive en los municipios de la frontera sur de México, es ya insostenible. Miles de migrantes deambulan. Otros apilados.
La danza de los números que han arrojado las caravanas migrantes es incierta. Por un lado se trata de minimizar la problemática.
Sin embargo, la realidad muestra el lado crudo y deja al desnudo la crisis que se vive. El Comisionado Tonatiuh Guillén López dice que en tan sólo el mes de Abril, se ha logrado deportar 15 mil extranjeros.
Por otro lado, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estima que en el país se ha registrado la llegada de más de 450 mil personas que cruzan cada año la frontera entre México y Guatemala para pedir asilo o seguir su camino hacia Estados Unidos.
Tapachula, el principal foco de migración que entra a México, es lo que ha declarado la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Y con ello, no sólo se prende la alarma de inseguridad por esta población flotante.
Hay que decir que los problemas epidemiológicos son un enorme foco de infección. Un recinto diseñado para atender a 800 migrantes, que hoy rebasa las 4 mil personas, si es preocupante.
El hacinamiento y las condiciones deplorables en las que viven dentro y fuera de la Estación Migratoria, es una verdadera amenaza de salud pública.
Dando beneficio de duda a las estadísticas que vitorean que en los últimos días, muchos son deportados, y muchos más están atrapados en la frontera sur, vulnerable a la delincuencia y al aumento de la xenofobia.
Los municipios que han sufrido los estragos de este éxodo migratorio son Suchiate, Metapa, Tapachula, Huehuetán, Huixtla, Mapastepec, Pijijiapan y Arriaga.
No es crear sicosis o ser extremista, pero entre esos más de 400 mil migrantes que han ingresado de manera ilegal a México, las instancias de salud saben perfectamente que se han prendido las alarmas para apresurar un cerco pandémico.
Existen y hay casos documentados para extremar medidas y agilizar una emergencia sanitaria; los casos de VIH, sífilis, tuberculosis, diarreas y otros padecimientos están latentes y pueden salirse de control.
Hay dos casos distintos de población migrante. La de los caribeños que abarrotan hoteles, plazas comerciales y antros de la ciudad (¡aguas! ), aquí es un foco de advertencia.
La otra cara, son los centroamericanos que viven al día. Que también presentan diversos cuadros de salud. Que van desde deshidratación, fiebre, problemas gastrointestinales y hasta enfermedades de transmisión sexual.
Los supuestos módulos de atención que se han puesto de manera paradójica en los centros donde se concentran los migrantes es una simulación. El cerco epidemiológico va más allá.
Es tener recursos humanos, financieros, medicinas para contraatacar problemas de conjuntivitis, diarreas, micosis cutánea, deshidratación, gastritis, colitis, gastroenteritis, quemaduras solares, diabetes, hipertensión arterial y hasta problemas de VIH e ITS.
La crisis persiste, crece y amenaza con causar mayores estragos como consecuencia quizás de una política migratoria muy permisible, misma que ha sido bien recibida por células delictivas dedicadas al tráfico de humanos.
Y el éxodo no da tregua. Migrantes de Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Senegal, Ghana, Congo, Cuba, Nepal, Somalia, Ecuador y más siguen utilizando los pasos ciegos e impunes que unen a México con Guatemala.
Y la Bestia, parece volver a tener actividad, y con ello inseguridad, bandas delictivas, amputados, decesos y muchas cosas más…
¿Quién dijo que tengo sed?