Hubo un tiempo en que Lucila Mariscal, encarnada en su personaje de Lencha, hacía reír a cientos en México y en Estados Unidos. Inspirado en su madre y en rasgos de mujeres del norte y del occidente del país, ese humor desparpajado y frontal la llevó a recintos importantes, sostenido además por su formación en el Instituto Nacional de Bellas Artes.
Hoy, a sus 83 años, la comediante se adapta a un set muy distinto: una habitación en La Casa del Actor, donde desde hace tres meses se deja cuidar tras haber sufrido dos caídas que le hicieron ver que ya no debía vivir sola. Lejos de lamentarse, la actriz nacida en la Ciudad de México busca ser ejemplo para otros que han llegado a una edad avanzada: entre terapias, clases, misas y un espacio propio, se sabe más serena, pero jamás inactiva.
“No me dan trabajo los empresarios porque piensan que no puedo, pero no saben todo lo que puedo. Estoy sana porque nunca he tomado, fumado ni consumido sustancias, ni me he prostituido; eso lo pueden investigar”, dice entre bromista y seria. SUN
Lucila Mariscal Atraviesa una Etapa más Serena
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