Tapachula, Chiapas 22 de Marzo del 2026.– Aunque Chiapas se mantiene como uno de los principales productores de cacao en México, con más de 17 mil hectáreas cultivadas, especialistas advierten que la actividad enfrenta una crisis que requiere atención urgente: la renovación de plantaciones para recuperar su productividad.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), gran parte de los cultivos actuales presenta un deterioro significativo, agravado por la presencia de la moniliasis, un hongo que ha reducido el rendimiento hasta en un 60% desde su aparición en 2005.
Este problema se intensificó en años posteriores debido a factores climáticos como altas temperaturas y sequías, que afectaron severamente la producción en estados como Chiapas y Tabasco, provocando pérdidas de hasta la mitad de las cosechas.
Ante este panorama, Ana Laura Reyes, representante nacional de investigación en cacao, señaló que se trabaja en el desarrollo de nuevas variedades más resistentes tanto a plagas como a condiciones climáticas adversas, con el objetivo de fortalecer la competitividad del sector.
“Estamos avanzando en la generación de materiales que permitan al productor mejorar su rendimiento e incorporarse a mercados más competitivos”, destacó.
Explicó que, mediante procesos de mejoramiento participativo y pruebas de campo, se han obtenido resultados favorables en nuevas plantas, las cuales ahora forman parte de proyectos enfocados en su propagación, incluso a través de técnicas in vitro.
De lograrse una renovación efectiva, se estima que en un plazo de 15 años la producción podría alcanzar hasta 2.4 toneladas por hectárea, incrementando significativamente su valor económico.
Especialistas coinciden en que la clave está en facilitar a los productores el acceso a estos nuevos materiales vegetativos, ya sea para renovar cultivos existentes o para establecer nuevas plantaciones.
La modernización del cacao no solo representa una oportunidad económica para miles de familias, sino también una estrategia necesaria para enfrentar los efectos del cambio climático y garantizar la sostenibilidad de uno de los cultivos más emblemáticos del sureste mexicano. EL ORBE/ JC.





