ALFIL NEGRO

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ALFIL NEGRO
ALFIL NEGRO

Entonces hubo relámpagos, fragor de truenos y un gran temblor de tierra, tan grande como no lo hubo jamás (Apocalipsis 16:18)

La Danza del Miedo
Oscar D. Ballinas Lezama

Los científicos del mundo han declarado que los sismos han aumentando en los últimos 15 años en el planeta, la actividad de las placas tectónicas en el llamado ‘cinturón de fuego’, es cada vez más continua y destructora.
Afirman los sismólogos que cada vez se acumula más energía en el centro de la Tierra, la que luego se libera convertida en sismos o terremotos que están generando verdaderas catástrofes con pérdidas de muebles, inmuebles y miles de vidas humanas, sin embargo, no es nada comparado con lo que pasaría si llega a darse el gran terremoto de magnitud 9.0.
Para nadie es secreto la devastación que los movimientos telúricos causan; en México, los más recientes han sucedieron el pasado septiembre negro, que al igual que otros que se han dado en el mundo, causaron destrucción y muerte.
Aunado a la tragedia causada por el fenómeno natural, en el país azteca muchos depredadores políticos aprovecharon el lloro y crujir de dientes para desviar la ayuda humanitaria y la que debió otorgarse conforme a los protocolos administrativos que cada Gobierno tiene, sin embargo, hasta la fecha la mayoría de los damnificados siguen sin casa y sin haber recibido ningún otro de los apoyos anunciados con bombos y platillos.
El temor de los científicos que opinan conforme a las investigaciones y los datos arrojados por el Servicio Geológico de Estados Unidos de Norteamérica (USGS), que ha venido registrando más de 53 movimientos telúricos al día, sobre todo en Indonesia, Bolivia, Japón, Chile, Venezuela, México y EU, entre otros, explican que la mayoría de estos temblores se han dado en la zona conocida como ‘anillo de fuego’, en donde se ubican estas naciones que están ‘al filo de la navaja’.
Los expertos hacen conclusiones que los llevan a pensar que es precisamente en la zona conocida como ‘de subducción de Cascadia’ donde puede suscitarse un terremoto de 9 grados y sacudiría toda la costa oeste y California, provocando un tsunami y una mortandad como no se ha visto otra igual.
Han advertido hasta la saciedad la enorme posibilidad de que en cualquier momento pueda darse un terremoto de enorme potencia, pero hasta ahora sólo han recibido incredulidad y hasta burlas de la gente que no quiere escuchar ni saber nada de una tragedia de esa magnitud.
Un sismólogo chileno mencionó una teoría al explicar que este tipo de fenómenos naturales pueden venir por ‘paquete’, sobre todo cuando hay ‘seguidillas’ de movimientos telúricos, como se ha observado a partir del 2010.
Para nadie es secreto que desde el apocalíptico terremoto de 1985 en México, en el cual murieron más de 10 mil personas, este país ha sufrido una serie sismos hasta llegar a los terremotos de septiembre del 2017; según científicos y sismólogos mexicanos estos movimientos telúricos se han dado en la franja suroeste y central, en Estados como Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Chiapas y la Ciudad de México, zona en donde está cuarteada la corteza terrestre.
Lo peor de todo es que según los sismólogos, los temblores no pueden predecirse, lo único que puede hacer la gente es confiar en las alarmas de ‘alerta temprana’, las que se supone ponen sobre aviso a quienes le escuchan segundos antes del sismo; sin embargo, parece ser que la corrupción también contagió a mucha gente encargada de adquirir esos modernos aparatos, que hasta ahora no han servido ni para tiro de escopeta’, suenan, si es que llegan a sonar, cuando el temblor ya está en todo su apogeo o ya pasó.
Sobre aviso no hay engaño, los expertos siguen advirtiendo la posibilidad de que en cualquier momento se origine un megaterremoto, que según los sismólogos iniciaría en los Estados Unidos. Por lo pronto a lo largo y ancho de México los ‘temblorcitos’ se han convertido en el pan de cada día, al grado que mucha gente ya se acostumbró al baile de la muerte.
Conforme al Servicio Geológico norteamericano, se espera un promedio anual de diecinueve terremotos grandes, los que serán bastante intensos como para dañar edificios y agrietar la tierra. (“…y habrá grandes terremotos”, Lucas 21:11)
Otros analistas de los fenómenos naturales afirman que los huracanes, tornados y tormentas no tienen nada qué ver con los temblores; explican que todo se debe al cambio climático por las emisiones de gases efecto invernadero, los cuales finalmente ocasionan el calentamiento global.
También reconocen que la temperatura de la Tierra ha aumentado, y si en 30 años no se evita el duplicarla, podría llegarse a un punto sin retorno, en la que las consecuencias serían impensables para la humanidad.